Los mercados esperan este martes a las 14:30 horas la publicación del índice de precios de producción (IPP) de Estados Unidos, un dato que puede influir en las expectativas sobre la próxima decisión de la Reserva Federal. El mercado asigna actualmente más de un 60% de probabilidad a una subida de los tipos de interés, después de que el último informe de empleo mostrara una creación de puestos de trabajo muy superior a la prevista.
El IPP mide la presión de los precios antes de llegar al consumidor
El índice de precios de producción recoge la evolución de los precios que reciben los productores por sus bienes y servicios. La Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS) recopila para ello miles de precios de venta correspondientes a fábricas, agricultores y proveedores de servicios.
La medida oficial, conocida como índice de demanda final, incluye los productos y servicios vendidos al comprador final. El informe también ofrece una lectura subyacente que excluye los alimentos y la energía, dos componentes especialmente volátiles.
En julio, el IPP no registró cambios en términos mensuales. En tasa interanual, descendió del 5,5% al 4,7%, mientras que el índice subyacente se situó en el 4,2%.
El indicador no refleja directamente el coste de vida de los hogares, como sí ocurre con el índice de precios al consumo (IPC), cuya publicación está prevista para mañana. Sin embargo, ofrece una señal sobre las presiones que pueden trasladarse posteriormente a los consumidores. Cuando las empresas afrontan un encarecimiento de sus insumos, pueden repercutir parte de ese aumento en los precios finales.
La lectura subyacente gana peso por la energía
Ni el IPP ni el IPC son la referencia principal de la Reserva Federal. El banco central estadounidense sigue sobre todo el índice de precios del PCE, que mide los gastos de consumo y en el que algunos componentes del IPP se incorporan directamente.
La composición del dato adquiere especial relevancia en un contexto de presión sobre el petróleo. El combustible forma parte de la lectura general del IPP, mientras que los incrementos de costes derivados de una energía más cara también pueden terminar afectando a la medida subyacente.
La diferencia es importante para los mercados. Un aumento del precio del combustible puede ser temporal, pero el encarecimiento del transporte, el embalaje y otros costes operativos puede trasladarse a una amplia variedad de productos. Esos precios, además, no necesariamente bajan de forma automática cuando el petróleo se abarata.
Por eso, la cifra general permitirá medir el impacto inmediato del repunte energético, mientras que la subyacente ayudará a evaluar si esa presión empieza a extenderse por el resto de la economía.
La Fed afronta el dilema de una inflación de oferta
Hasta el informe de empleo del viernes pasado, la mayoría del mercado esperaba que la Reserva Federal mantuviera los tipos sin cambios, como había sucedido en las cinco reuniones anteriores. La fortaleza de la creación de empleo ha dado al banco central mayor margen para considerar una subida, aunque la eficacia de esa medida genera dudas.
La razón es que la inflación actual procede, según el análisis recogido en el mercado, de un shock de oferta y no de un exceso de demanda. Elevar los tipos puede endurecer las condiciones financieras, pero no resuelve directamente un encarecimiento provocado por la energía.
Un IPP moderado podría reforzar las expectativas de una pausa y aliviar la presión sobre activos sensibles a los tipos, entre ellos Bitcoin (BTC), la renta variable y los metales preciosos. Un dato desfavorable, en cambio, mantendría la atención sobre la reunión de la próxima semana.
El petróleo añade incertidumbre al escenario. Su precio ha regresado a niveles no vistos desde finales de mayo y Donald Trump afirmó ayer que no quiere cerrar un acuerdo con Irán antes de las elecciones de medio mandato. Si esa presión se prolonga, también podría complicar la lectura que la Reserva Federal haga de los próximos datos de inflación.










