La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años se aproxima al 5% tras aumentar casi 0,20 puntos porcentuales esta semana. El rendimiento ronda ya el 4,95%, su nivel más alto desde 2023, en un contexto de ventas generalizadas de deuda pública y creciente preocupación por la inflación y las decisiones de la Reserva Federal.
El movimiento añade presión a unos mercados financieros que esperan nuevos datos de precios en Estados Unidos. El índice de precios al consumo (IPC) de agosto se publica hoy y puede influir de forma decisiva en la reunión de la Fed del 16 de septiembre. Los inversores sitúan en torno al 70% la probabilidad de una subida de tipos.
La deuda estadounidense concentra la presión vendedora
El repunte no se limita al bono de referencia a 10 años. La rentabilidad del Treasury a dos años ha subido esta semana hasta el 4,59%, mientras que la del bono a 30 años ha alcanzado su nivel más elevado desde 2007. La evolución refleja el temor del mercado a que los tipos de interés tengan que mantenerse altos durante más tiempo.
El encarecimiento del petróleo y la persistencia de las presiones inflacionistas están entre los principales factores que explican el aumento de las rentabilidades. La inflación estadounidense lleva cinco años por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal, lo que limita el margen para una relajación rápida de la política monetaria.
Los economistas esperan que la inflación subyacente —que excluye los alimentos y la energía— haya aumentado alrededor de un 0,2% mensual en agosto. Un dato superior a lo previsto podría reforzar las expectativas de una subida de tipos en septiembre. El mercado ya contempla incluso dos incrementos entre ahora y enero. Si la inflación sorprende a la baja, en cambio, las rentabilidades podrían recibir cierto alivio al reducirse las previsiones de nuevas subidas.
El repunte se extiende a otros mercados de deuda
La tensión tampoco se circunscribe a Estados Unidos. La rentabilidad del bono alemán a 10 años alcanzó el jueves su nivel más alto desde 2009. En Australia, los tipos subieron a máximos de más de una década, mientras que el rendimiento del bono japonés a 10 años se aproxima al 3%.
Esta sincronía apunta a una preocupación compartida por los inversores: el coste de financiar a los Gobiernos está aumentando en varias de las principales economías. En el caso estadounidense, Washington debe colocar grandes volúmenes de nueva deuda, y los compradores están exigiendo rentabilidades cada vez mayores para asumir esos títulos.
El Tesoro intenta contener la presión mediante recompras de bonos a largo plazo. Sin embargo, las medidas no han frenado hasta ahora el avance de las rentabilidades. El jueves, el departamento dirigido por Scott Bessent recompró menos bonos que el importe máximo anunciado, una decisión que decepcionó al mercado.
Bessent ha defendido que el mercado de deuda estadounidense se encuentra en “muy buen estado” y ha señalado la fuerte demanda observada en las últimas subastas como uno de los argumentos para sostener esa valoración. Aun así, el avance hacia el 5% mantiene abierta la preocupación por el coste futuro de la financiación pública.
Impacto sobre crédito y renta variable
La rentabilidad del Treasury a 10 años sirve de referencia para numerosos costes de financiación en todo el mundo. Si continúa al alza, pueden encarecerse las hipotecas, los préstamos empresariales y otros créditos. En Estados Unidos, el tipo hipotecario ya se encuentra en su nivel más alto en más de un año.
Las bolsas también quedan expuestas. Unos bonos públicos con rentabilidades más elevadas resultan más atractivos frente a la renta variable y, además, reducen el valor presente de los beneficios empresariales futuros. Por eso, un nuevo avance del Treasury a 10 años hacia el 5% —o por encima de ese umbral— podría mantener la presión sobre distintos segmentos de los mercados financieros.










