Los clientes de Bank of America recuperan, de media, menos de 75 centavos por cada dólar que transfieren a plataformas de apuestas en línea. El dato procede del análisis de pagos anonimizados realizado por el banco y acompaña a una encuesta que revela una percepción generacional muy distinta sobre la frontera entre invertir, especular y apostar.
La generación Z identifica más las apuestas con una inversión
Bank of America encuestó a 2.351 estadounidenses para conocer cómo clasifican distintas actividades financieras y especulativas. El 20% del conjunto de los participantes considera que las apuestas deportivas son una forma de inversión. Entre los miembros de la generación Z, esa proporción es aproximadamente el doble.
La visión cambia de forma notable entre las generaciones de más edad. Una clara mayoría de los baby boomers y de la generación X no considera que las apuestas deportivas puedan calificarse como una inversión.
Los mercados de predicción reciben una consideración algo diferente. Los estadounidenses tienden a identificarlos con una inversión con más frecuencia que a las apuestas deportivas. En este tipo de plataformas, los usuarios compran contratos cuyo valor depende del resultado de un acontecimiento futuro, como un partido deportivo.
Para Taylor Bowley, economista de Bank of America, la percepción de los consumidores refleja que varias actividades financieras y especulativas empiezan a compartir rasgos visibles. Los mercados de predicción, los criptoactivos, la operativa de los inversores minoristas y las apuestas deportivas cuentan con comunidades de usuarios y precios que se forman o cambian en tiempo real, según explicó.
La observación no implica que el banco considere equivalentes todas esas actividades. El estudio apunta, más bien, a que las fronteras que separan apostar, especular e invertir resultan menos claras para una parte de los consumidores, especialmente entre los más jóvenes.
Los depósitos y las retiradas no muestran una rentabilidad completa
Además de la encuesta, Bank of America examinó los pagos anonimizados realizados por sus clientes hacia y desde plataformas de juego en línea. Entre enero y julio, la relación entre el dinero depositado y el retirado se mantuvo por debajo de uno. Según Bowley, los usuarios suelen recuperar menos de 75 centavos por cada dólar enviado a esas plataformas.
El banco introduce, no obstante, una cautela metodológica relevante: sus datos solo recogen depósitos y retiradas. Las cantidades que los clientes mantienen dentro de sus cuentas de juego no aparecen en el análisis. Por ello, la relación observada no constituye un cálculo completo de la rentabilidad real de los apostadores.
En esa medición, la generación Z presentó los mejores resultados relativos. La mayoría de los jóvenes apostadores recuperó más de 80 centavos por cada dólar depositado. Aun así, la media tampoco alcanzó el punto de equilibrio, lo que llevó a Bowley a subrayar que el juego en línea no representa una fuente de ingresos fiable ni constante.
El debate sobre los mercados de predicción llega a los tribunales
La clasificación de estas actividades tiene también una dimensión jurídica en Estados Unidos. Kalshi, uno de los principales mercados de predicción del país, sostiene que los contratos vinculados a acontecimientos deportivos son instrumentos financieros sujetos a la legislación federal sobre materias primas. Desde esa perspectiva, deberían recibir un tratamiento distinto al de las apuestas deportivas tradicionales.
El conflicto ha llegado al Tribunal Supremo de Estados Unidos después de que Nueva Jersey solicitara que el caso fuera examinado. La discusión se produce mientras crece el interés por unos mercados que, al igual que las apuestas, permiten tomar posiciones sobre resultados futuros, pero que se presentan bajo una estructura contractual diferente.
Warren Buffett también ha señalado la proximidad que observa entre los mercados de predicción, las apuestas deportivas legales y la operativa intradía. En declaraciones anteriores, apenas estableció diferencias entre esas actividades y describió los ingresos que los estados obtienen del juego como “un impuesto a la estupidez”.
Desde la industria del juego se cuestiona, sin embargo, que las comparaciones sean siempre directas. Pierre Lindh, cofundador de la empresa de medios Next.io, ha advertido de que los volúmenes negociados en los mercados de predicción y las cantidades apostadas en las casas tradicionales se calculan de manera distinta. Por eso, cifras aparentemente comparables pueden estar reflejando realidades diferentes.










