El Banco Central Europeo (BCE) y la Reserva Federal (Fed) afrontan nuevas presiones para endurecer su política monetaria ante la persistencia de la inflación y el fuerte encarecimiento de la energía. El BCE elevó esta semana su tipo de interés principal del 2,25% al 2,50%, mientras que en Estados Unidos los mercados asignan ya una probabilidad superior al 85% a una subida de tipos en la próxima reunión de la Fed.
El BCE mantiene abierta la puerta a más subidas
El aumento aplicado por el BCE es el segundo del año. La institución considera que los tipos se encuentran ya en la parte alta del rango neutral, el nivel que, en teoría, ni impulsa claramente la economía ni la frena de forma intensa. Sin embargo, el repunte de los precios de la energía podría obligar al banco central a avanzar hacia una posición más restrictiva.
Según fuentes citadas por Reuters, varios responsables de política monetaria contemplan nuevas subidas durante los próximos meses y no se descarta incluso otro incremento en octubre. Los mercados financieros descuentan al menos tres aumentos adicionales por parte del BCE durante el próximo año.
La evolución del petróleo y el gas será determinante. La guerra y las tensiones geopolíticas han encarecido ambas materias primas, un movimiento que puede trasladarse al transporte, la electricidad, la fabricación de bienes y, posteriormente, a otros precios de la economía.
Joachim Nagel, presidente del Bundesbank, afirmó a CNBC que no descarta que el BCE tenga que situar los tipos en un terreno “ligeramente restrictivo”. A su juicio, la decisión dependerá en buena medida de cómo evolucionen la energía y la inflación durante el próximo mes. También Ülo Kaasik, presidente del banco central de Estonia, considera comprensible que el mercado espere otra subida ante el coste de los combustibles y el riesgo de que los alimentos sigan la misma trayectoria.
La inflación subyacente cambia las expectativas sobre la Fed
En Estados Unidos, los tipos permanecen desde diciembre de 2025 en una horquilla del 3,50% al 3,75%. La expectativa de una subida en la próxima reunión había generado dudas, pero los últimos datos de inflación han inclinado el escenario hacia un nuevo endurecimiento.
La inflación subyacente aumentó en agosto un 0,3% respecto a julio, frente al 0,2% que esperaban los economistas. Este indicador excluye los alimentos y la energía, cuyos precios suelen registrar mayores oscilaciones. La inflación general alcanzó el 3,4% interanual, en línea con las previsiones, pero la sorpresa al alza en la tasa subyacente ha reforzado la preocupación por la persistencia de las presiones de fondo.
Los inversores elevan ahora por encima del 85% la probabilidad de que la Fed suba los tipos en la reunión del 15 y 16 de septiembre, frente al entorno del 70% que se manejaba un día antes. TD Bank y JPMorgan Chase también han revisado sus previsiones y esperan un incremento la próxima semana.
El petróleo añade presión a los bancos centrales
El Brent superó esta semana los 100 dólares por barril debido a los conflictos persistentes en Oriente Medio. Un crudo más caro no solo afecta al coste del combustible: también eleva los gastos de transporte y producción de las empresas, con el riesgo de que parte de ese aumento termine repercutiendo en los precios finales.
El presidente de la Fed, Kevin Warsh, ya ha señalado que todavía queda “trabajo por hacer” para devolver la inflación al objetivo del 2%. La próxima decisión estadounidense incluirá nuevas previsiones económicas y el llamado diagrama de puntos, que recoge las expectativas de los dirigentes sobre la trayectoria futura de los tipos. Warsh ofrecerá además una rueda de prensa media hora después del anuncio.
La reunión será relevante para los mercados financieros. Unos tipos más elevados favorecen el ahorro y la deuda pública, pero encarecen el crédito y pueden afectar a activos de mayor riesgo, entre ellos las acciones y Bitcoin (BTC). En la zona euro, el BCE elevó ligeramente sus previsiones de crecimiento e inflación, aunque las últimas subidas del petróleo y el gas todavía no estarían plenamente incorporadas. Si la energía continúa cara, la presión para prolongar el ciclo de subidas podría aumentar.










