Los BRICS atraviesan un momento de expansión económica y política, pero también de creciente tensión interna. El bloque reúne casi la mitad de la población mundial y representa alrededor del 40% de la economía global en paridad de poder adquisitivo. Sin embargo, su capacidad para transformar ese peso en una alternativa coherente al orden dominado por Estados Unidos dependerá, en buena medida, de cómo gestione la influencia de China.
Un bloque con más peso económico
La alianza nació como un acrónimo para agrupar a Brasil, Rusia, India y China. Desde entonces se han incorporado Sudáfrica, Egipto, Etiopía, Emiratos Árabes Unidos, Irán e Indonesia. Además, el grupo cuenta con diez países socios, una ampliación que ha elevado su presencia en la economía y el comercio internacionales.
La evolución de China y de India durante los últimos 25 años ha reforzado la dimensión económica de los BRICS. El comercio entre los países miembros se ha multiplicado por más de trece desde 2003 y alcanzó aproximadamente 1,2 billones de dólares en 2025. El bloque también ha desarrollado instituciones propias, entre ellas el Nuevo Banco de Desarrollo, creado como alternativa al Banco Mundial.
Estos datos explican por qué el actual contexto parece ofrecer una oportunidad para los BRICS. Estados Unidos se repliega de su papel tradicional de liderazgo, Europa pierde peso relativo y distintos países buscan opciones frente a un sistema internacional estructurado durante décadas alrededor de Washington.
La desdolarización avanza con cautela
Reducir la dependencia del dólar estadounidense es una de las aspiraciones compartidas por varios miembros del grupo. La cuestión tiene una dimensión económica, pero también geopolítica: Washington utiliza las sanciones, su capacidad comercial y la infraestructura financiera internacional como instrumentos de presión.
Aun así, el bloque abordará este asunto con prudencia en su próxima cumbre de Nueva Delhi. India no quiere provocar a Donald Trump y sostiene que no existe una agenda oficial de desdolarización. Esa posición refleja las dificultades para convertir una aspiración común —contar con mayor autonomía— en una estrategia coordinada frente a Estados Unidos.
El problema no es únicamente la falta de un objetivo compartido, sino también la distinta disposición de los países a asumir los costes de una confrontación abierta. Mientras algunos miembros aspiran a reducir de forma más decidida el peso del dólar, otros prefieren evitar un enfrentamiento directo con Washington.
India y Brasil recelan de la agenda china
La principal fractura del bloque se encuentra en la relación con China. Pekín concibe los BRICS como una plataforma para impulsar un orden mundial alternativo, tanto en el terreno económico como en el geopolítico. India y Brasil, en cambio, buscan una alternativa al orden occidental, pero no un bloque antioccidental dirigido por China.
La desconfianza india tiene varios frentes. La relación bilateral está deteriorada por los conflictos fronterizos, la competencia económica y el temor a que la alianza termine funcionando sobre todo al servicio de los intereses chinos. El crecimiento del bloque, por tanto, no elimina sus contradicciones: las hace más visibles.
La cuestión decisiva es si los BRICS pueden consolidarse como un espacio de cooperación entre socios con un peso comparable o si acabarán convirtiéndose gradualmente en un instrumento de poder de China. Su tamaño económico les da una influencia cada vez mayor, pero las diferencias sobre el dólar, la relación con Estados Unidos y el papel de Pekín pueden limitar su capacidad para reordenar el sistema internacional.












