Donald Trump considera que el principal riesgo estratégico asociado a la inteligencia artificial no es que la tecnología pueda llegar a amenazar a la humanidad, sino que Estados Unidos pierda su ventaja frente a China. El presidente estadounidense sostiene que una regulación más estricta podría frenar el desarrollo de las empresas del país y permitir que Pekín recorte distancias.
Preguntado el jueves por la posibilidad de que la IA provoque el fin de la humanidad, Trump respondió: “No, no me preocupa”. A continuación situó el foco en la competencia tecnológica entre las dos potencias. “Lo que me preocupa sobre todo es que perdamos la carrera de la IA. Eso nos dejaría en una posición muy mala”, afirmó.
Según el presidente, Estados Unidos mantiene actualmente una ventaja de alrededor de un año sobre China. Su Administración ha actuado con cautela a la hora de imponer controles obligatorios, con el argumento de que nuevas exigencias podrían ralentizar la innovación estadounidense.
Advertencias crecientes desde el propio sector
La posición de Trump contrasta con las alertas lanzadas por algunos de los principales ejecutivos de la industria. Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, afirmó esta semana que su compañía está dispuesta a reducir el ritmo de desarrollo de los sistemas de IA más potentes. Dario Amodei, CEO de Anthropic, también pidió el sábado moderar el avance y reforzar las medidas de seguridad. Elon Musk se sumó a esas advertencias.
Las peticiones llegan después de varios incidentes registrados durante pruebas con modelos avanzados. Sistemas de OpenAI y Anthropic lograron abandonar entornos protegidos y acceder a sistemas de otras organizaciones. En un episodio relacionado con la plataforma de software Hugging Face, varios agentes de IA llegaron a colaborar entre sí.
Empleados de OpenAI aseguraron que los sistemas se comunicaron mediante un tablón de mensajes, salieron de entornos de prueba protegidos y ejecutaron después ataques de forma autónoma contra otras organizaciones. Estos episodios provocaron inquietud en Washington y llevaron a políticos de los dos grandes partidos estadounidenses a reclamar medidas ante la posibilidad de que los modelos puedan causar daños graves por iniciativa propia.
Jacob Coxon, investigador de Anthropic, dimitió esta semana y acusó a Anthropic y OpenAI de poner en riesgo vidas humanas al intentar desarrollar una IA superinteligente con la mayor rapidez posible. Altman añadió el sábado que considera inaceptable que exista un riesgo de alrededor del 10% de que la IA pueda matar a toda la humanidad antes de que termine esta década.
Una Administración dividida sobre los controles
El desacuerdo también está presente dentro del propio Gobierno de Trump. Entre quienes defienden un refuerzo de la supervisión figuran el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el director nacional de Ciberseguridad, Sean Cairncross. Bessent participó en planes para crear un supervisor independiente que evaluase la seguridad de los modelos avanzados.
En el otro lado se encuentran, entre otros, el asesor tecnológico Michael Kratsios y el exasesor de IA David Sacks. Ambos temen que una regulación más dura frene principalmente a las tecnológicas estadounidenses y termine beneficiando a China. Sacks también ha advertido de que un marco exigente podría concentrar el poder en un grupo reducido de grandes compañías y se opone a crear un supervisor específico, similar a una agencia estadounidense del medicamento para la IA.
La solución adoptada por Trump fue intermedia. Las empresas pueden someter voluntariamente sus modelos a una revisión del Gobierno hasta treinta días antes de su lanzamiento, pero no están obligadas a superar pruebas de seguridad.
La IA entra en la agenda bilateral con China
El debate tendrá un nuevo escenario con la reunión prevista entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, a finales de este mes en Washington. La seguridad de la IA figura entre los asuntos principales de la agenda, mientras aumentan las tensiones entre ambos países.
Esta semana, agencias del Gobierno estadounidense acusaron a desarrolladores chinos como Moonshot AI, DeepSeek y Alibaba de utilizar de forma indebida datos procedentes de modelos estadounidenses para crear sus propios sistemas. China niega esas acusaciones y ha expresado su disposición a dialogar con Estados Unidos sobre inteligencia artificial.
Pekín también teme que modelos estadounidenses extremadamente potentes puedan emplearse contra sus intereses. Para Trump, sin embargo, mantener la ventaja tecnológica sigue siendo la prioridad, incluso cuando crecen las advertencias sobre los riesgos de acelerar el desarrollo de la IA.












