Donald Trump ha amenazado a la Unión Europea con imponer “aranceles muy elevados” e incluso con suspender el comercio en determinados ámbitos si Bruselas estrecha su relación con Canadá y considera ese acercamiento un gesto hostil hacia Estados Unidos. La advertencia se produce después de que Ursula von der Leyen planteara que Canadá se convierta en el primer miembro asociado de la UE.
Trump condiciona la respuesta al alcance del acuerdo
El presidente estadounidense reaccionó el miércoles contra la propuesta europea, que calificó de “ridícula”. Según explicó a los periodistas, la respuesta de Washington dependerá de la intención que atribuya al plan de la Unión Europea y Canadá.
“Si lo hacen y yo lo considero de algún modo un acto hostil, impondré aranceles muy elevados o dejaré de comerciar con Europa”, afirmó Trump. Sus palabras no se han traducido por ahora en nuevas medidas comerciales contra la UE. Tampoco está claro qué facultad legal utilizaría Estados Unidos para imponer eventuales restricciones adicionales.
La propuesta de Von der Leyen no supondría la entrada de Canadá en la Unión Europea. El concepto de miembro asociado no existe actualmente en los tratados europeos, por lo que su alcance tendría que definirse antes. La iniciativa apunta, en cualquier caso, a una relación más estrecha en varios frentes: comercio, defensa, energía y tecnología.
La próxima cumbre entre Canadá y la UE, prevista para finales de octubre, podría servir para concretar el contenido de esos planes. Las negociaciones se encuentran todavía en una fase inicial y no hay un acuerdo definitivo sobre el nuevo estatus.
Canadá busca reducir su dependencia de Estados Unidos
El acercamiento a Europa llega en un momento de fuerte deterioro de las relaciones comerciales entre Ottawa y Washington. Ambos países están inmersos en una guerra comercial después de que Estados Unidos impusiera aranceles a productos canadienses por un valor aproximado de 20.000 millones de dólares. Canadá respondió con medidas similares.
La exposición canadiense al mercado estadounidense es especialmente elevada: alrededor del 70% de sus exportaciones tienen ese destino. El primer ministro Mark Carney trata por ello de ampliar los vínculos económicos de Canadá con otras regiones y reducir la dependencia de su principal vecino.
Europa ocupa un lugar relevante en esa estrategia, que no se limita al intercambio de bienes. Canadá ya participa en el programa europeo SAFE, centrado en inversiones conjuntas en defensa, y ambas partes negocian también una colaboración en energía y comercio digital.
Un conflicto comercial todavía en fase de amenaza
Ese ensanchamiento de la cooperación es precisamente lo que genera inquietud en Washington. Trump volvió a describir a Canadá como un mal socio comercial y vinculó la posible respuesta estadounidense a la interpretación política que haga de la iniciativa europea.
Por ahora, el conflicto no se ha extendido formalmente a la Unión Europea. La amenaza de nuevos aranceles depende de una decisión que Trump aún no ha anunciado, mientras que el proyecto de asociación entre Canadá y la UE está lejos de estar cerrado. La definición del nuevo estatus y el alcance de la cooperación exigirían negociaciones que podrían prolongarse durante un tiempo considerable.
El episodio añade, no obstante, presión a una relación transatlántica ya condicionada por las disputas comerciales. También coloca el futuro acercamiento entre Bruselas y Ottawa bajo la vigilancia de Washington, justo cuando Canadá intenta abrir alternativas a su dependencia económica de Estados Unidos.











