Donald Trump ha vuelto a dejar abierta la posibilidad de reanudar una ofensiva militar a gran escala contra Irán. El presidente de Estados Unidos afirmó el jueves que afronta una decisión de gran calado sobre si interviene de nuevo para “destruir” al país, en un momento especialmente sensible para el suministro mundial de petróleo y antes de reunirse con los líderes de seis Estados del Golfo.
“Tengo por delante una gran decisión. ¿Entro y los destruyo o no? Es una decisión importante. Conmigo puede pasar cualquier cosa”, declaró Trump en una entrevista con Axios. Sus palabras mantienen abiertas todas las opciones, incluida una nueva campaña de ataques, aunque no implican que se haya tomado una decisión definitiva.
El apoyo del Golfo, una pieza decisiva
Trump se reunirá el martes en Nueva York con dirigentes de seis países del Golfo, entre ellos Arabia Saudí y Qatar. El respaldo de estos gobiernos resulta determinante para que Washington pueda plantearse una ofensiva de gran escala contra Irán.
A comienzos de agosto, el presidente estadounidense canceló una operación similar después de que Arabia Saudí y Qatar advirtieran del riesgo de que Teherán respondiera atacando sus instalaciones petroleras. Una escalada de ese tipo afectaría directamente a la infraestructura energética de la región y elevaría la presión sobre un mercado que ya afronta problemas de suministro.
Desde entonces, Estados Unidos ha endurecido su posición sin volver a abrir fuego. Las negociaciones permanecen paralizadas, Washington ha impuesto nuevas sanciones y buques de la Marina estadounidense mantienen desde hace tiempo un bloqueo sobre los puertos iraníes.
Trump aseguró que ningún barco ha llegado a Irán desde el inicio del bloqueo. Según su versión, algunos intentaron hacerlo y fueron destruidos. Teherán, por su parte, mantiene una postura igualmente inflexible sobre el estrecho de Ormuz.
El petróleo baja, pero Ormuz sigue en el centro del riesgo
Zolqadr, asesor del líder supremo iraní, afirmó que el estrecho continuará cerrado mientras Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sigan en el poder. El mes pasado, Teherán ya había vinculado la reapertura de esta ruta estratégica al final del mandato del presidente estadounidense.
La tensión ha tenido un impacto directo en el petróleo. El Brent ha bajado más de un 6% en dos días y cotiza ligeramente por debajo de los 103 dólares por barril, frente a los aproximadamente 109 dólares de dos días antes. El descenso coincide con la reapertura, a media capacidad, de un oleoducto saudí dañado. Esa infraestructura permite desviar unos 3,5 millones de barriles diarios sin utilizar el estrecho de Ormuz.
La caída del precio no refleja, sin embargo, un acuerdo de paz inminente. El crudo continúa cerca de los máximos alcanzados durante la guerra y los riesgos para el suministro no han desaparecido. La reapertura del oleoducto reduce parte de la presión, pero no elimina la importancia de una ruta por la que pasa una parte esencial del tráfico energético mundial.
Presión sobre la inflación y los tipos de interés
El encarecimiento del petróleo se ha trasladado al conjunto de la economía y llega en un momento delicado para la política monetaria. La Reserva Federal elevó esta semana los tipos de interés por primera vez en tres años, en parte por el aumento de las tensiones. La inflación lleva cinco años por encima del objetivo del 2%, según la información difundida.
Trump también ha señalado que no necesita alcanzar un acuerdo antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre. El mercado, mientras tanto, sigue pendiente de la evolución militar y diplomática: durante el verano anterior quedó patente la rapidez con la que el petróleo puede volver a bajar si el estrecho de Ormuz recupera la normalidad.










