Arabia Saudí afronta una presión simultánea sobre sus principales rutas de exportación de petróleo. Los ataques de los hutíes desde Yemen, una ofensiva lanzada desde Irak y el aumento de la tensión en el estrecho de Ormuz amenazan con limitar la capacidad del reino para sacar crudo al mercado y elevan el coste económico y de seguridad para el príncipe heredero, Mohammed bin Salman.
Presión desde Yemen, Irak y el estrecho de Ormuz
Los rebeldes hutíes, aliados de Irán, han avanzado hacia el estrecho de Bab al Mandeb, un paso estratégico para el transporte marítimo, y han atacado instalaciones energéticas saudíes con misiles y drones. La amenaza llega desde el sur, mientras que desde Irak se produjo una ofensiva que provocó el cierre de un oleoducto clave.
El reino también debe gestionar el deterioro de la seguridad en el estrecho de Ormuz, por donde circula una parte relevante del petróleo mundial. Los ataques iraníes contra buques han hecho que el tránsito por esa vía sea más arriesgado, según la información recogida por el Financial Times.
Durante años, Arabia Saudí ha contado con el oleoducto Este-Oeste como una alternativa para transportar crudo hasta la costa occidental y evitar Ormuz. Sin embargo, el cierre de esta infraestructura reduce el margen de maniobra del principal exportador de petróleo del mundo precisamente cuando sus rutas marítimas están sometidas a una mayor presión.
Una caída de la producción que limita las exportaciones
La dependencia saudí de sus exportaciones de petróleo es especialmente relevante porque los ingresos del crudo sostienen la economía del país y ayudan a financiar sus ambiciosos planes de desarrollo. Cualquier interrupción prolongada en las rutas de salida puede afectar tanto a los ingresos del reino como a su capacidad para cumplir esos objetivos.
Según el Financial Times, la producción petrolera saudí descendió en agosto hasta los 6,2 millones de barriles diarios, el nivel más bajo en 36 años. Con esa producción, las exportaciones del país se sitúan actualmente por debajo de la mitad de las de Estados Unidos.
El dato añade tensión a un mercado ya sensible a cualquier señal de que Arabia Saudí pueda suministrar menos crudo. Una reducción de los envíos saudíes no solo tendría consecuencias para Oriente Medio: también podría repercutir en la economía mundial a través de los precios de la energía.
Riad pide apoyo a Washington
Mohammed bin Salman pidió apoyo a Donald Trump frente a los hutíes, pero la respuesta del presidente estadounidense fue considerada frustrante para Riad. Trump sostuvo que los hutíes “no quieren luchar contra nosotros” y que permiten el paso a la mayoría de los barcos.
Estados Unidos presta apoyo mediante labores de inteligencia y selección de objetivos, aunque no parece dispuesto a promover una escalada militar de mayor alcance en Yemen. Washington está implicado al mismo tiempo en la guerra con Irán, lo que reduce, según el contexto descrito por el Financial Times, la expectativa de una intervención directa más amplia.
El príncipe heredero queda así ante un dilema con pocas salidas favorables. Conceder ante los hutíes podría interpretarse como una muestra de debilidad y alentar nuevas exigencias. Responder con una escalada, en cambio, podría desencadenar más ataques contra instalaciones petroleras y abrir la posibilidad de un conflicto en varios frentes.










