Bitcoin cotiza en 84.751 dólares, un nivel que ha permitido compensar en buena medida el último aumento de la dificultad de la red. Sin embargo, el alivio para los mineros sigue siendo limitado: el ingreso bruto teórico por unidad de potencia de cálculo apenas ha mejorado y una primera estimación apunta a una posible reducción de la dificultad en el siguiente ajuste.
La subida del precio compensa el último ajuste
La dificultad de Bitcoin aumentó un 4,1634% el 19 de septiembre, en el bloque 967.680, hasta situarse en 132,757 billones. El incremento fue inferior al que se había proyectado previamente. En un análisis fechado el 15 de septiembre, se calculó que el bitcoin debía alcanzar aproximadamente los 82.877 dólares para neutralizar el impacto del ajuste previsto sobre los ingresos por unidad de potencia de cálculo.
Con el precio situado en 84.751 dólares, el mercado se encontraba un 2,26% por encima de ese umbral modelizado. Frente a los datos utilizados en aquella previsión, el precio había subido alrededor de un 7,07%, mientras que la dificultad efectiva aumentó un 4,16%. La relación entre ambos factores mejoró aproximadamente un 2,79%.
Al incorporar la recompensa fija de 3,125 bitcoins por bloque, las comisiones observadas y el nivel de dificultad, el precio bruto del hash se situaba en unos 40,31 dólares por petahash y día. Esa cifra representa una mejora aproximada del 2,65% frente a la referencia anterior. Se trata de un indicador teórico de ingresos brutos para la red, no de una medida de beneficios ni de los ingresos efectivamente obtenidos por cada operador.
Una señal temprana, no una prueba de apagones
La siguiente estimación de dificultad apuntaba a una caída del 2,48%, pero el cálculo se había realizado cuando solo había transcurrido el 14,43% del nuevo periodo de 2.016 bloques. En ese momento, los bloques estaban llegando a un ritmo medio de 625,3 segundos, unos 10 minutos y 25 segundos, y aún quedaban 1.725 bloques para completar el ciclo. Si ese ritmo se mantuviera, el ajuste se produciría alrededor del 3 de octubre.
Bitcoin modifica su dificultad cada 2.016 bloques para mantener la producción media cerca de un bloque cada 10 minutos. Por eso, un ritmo más lento puede presionar a la baja la siguiente revisión. Pero una muestra tan corta no permite concluir que los mineros estén apagando equipos, reduciendo su actividad o trasladando capacidad. La aparición de bloques es estadística y puede variar con rapidez aunque la potencia de cálculo subyacente no cambie en la misma proporción.
La propia estimación debe interpretarse con cautela al comienzo de un periodo. Los datos de potencia de cálculo inferidos a partir de la producción de bloques tampoco equivalen a una medición directa de todas las máquinas conectadas. En la serie mensual observada, la estimación del hashrate osciló aproximadamente entre 826,1 exahashes por segundo y 1,053 zettahashes por segundo, con una lectura corriente cercana a 937,5 exahashes. No se apreciaba un desplome sostenido que permitiera hablar de un apagado generalizado.
Las comisiones siguen aportando poco margen
El principal límite del repunte de ingresos está en las comisiones. En una muestra de 144 bloques, entre los bloques 967.828 y 967.971, generaron un total de 2,04858206 bitcoins, con una media de 0,01422626 bitcoins por bloque. Esa cantidad representó el 0,45% de las 452 bitcoins correspondientes a la recompensa total del periodo.
El dato indica que, en esa ventana, la facturación de los mineros dependió casi por completo del precio de bitcoin y de la subvención por bloque. No permite extrapolar una tendencia duradera de las comisiones, pero sí muestra que ofrecieron una protección adicional muy reducida.
Además, el mismo nivel de ingresos de la red puede tener efectos distintos según la empresa. La eficiencia de los equipos, el coste de la electricidad, los contratos energéticos, la financiación y los gastos de personal determinan qué operadores siguen siendo rentables. Por ahora, la conclusión es más estrecha: la subida de bitcoin ha generado un alivio bruto y moderado tras el ajuste de dificultad, pero la escasa contribución de las comisiones y una previsión todavía inmadura mantienen abierta la cuestión de cuánto puede durar.









