La OCDE ha elevado al 2,9% su previsión de crecimiento económico mundial para 2026, pese al impacto de la guerra de Irán. La organización considera que el choque energético derivado del conflicto se ha absorbido mejor de lo que anticipaba, aunque mantiene una lectura prudente sobre la evolución de la economía global.
El impacto energético ha sido menor de lo previsto
El principal cambio en la valoración de la OCDE está relacionado con la energía. La institución sostiene que las consecuencias del conflicto sobre este frente no han alcanzado la intensidad que se esperaba inicialmente. Esa mejor absorción del shock energético explica la revisión al alza de su previsión de crecimiento mundial para el próximo año.
La organización no presenta, por tanto, la guerra como un factor irrelevante para la economía internacional. Su análisis apunta a que el impacto existe, pero ha resultado más manejable de lo previsto hasta ahora. La estimación del 2,9% refleja esa capacidad de absorción dentro del escenario global.
La inflación y los bonos mantienen la presión
La mejora de la previsión no elimina los riesgos. La OCDE alerta de que la inflación persistente continúa ensombreciendo el panorama económico. La resistencia de las presiones sobre los precios sigue siendo uno de los elementos que condicionan la evolución mundial, incluso después de que el impacto energético de la guerra haya sido inferior al esperado.
El organismo también señala el alza de los bonos como otro foco de preocupación. Ambos factores —la inflación que no termina de remitir y el incremento de los bonos— dibujan un entorno menos favorable pese a la revisión positiva del crecimiento.
Una revisión positiva con cautela
La nueva previsión combina dos mensajes. Por un lado, la economía mundial afrontaría 2026 con un crecimiento del 2,9%, una cifra que la OCDE ha elevado respecto a su cálculo anterior. Por otro, la organización advierte de que la mejora no debe interpretarse como la desaparición de las amenazas para la actividad.
El conflicto en Irán sigue formando parte del escenario económico por sus posibles efectos energéticos, aunque estos hayan sido absorbidos mejor de lo esperado. La inflación persistente y el alza de los bonos mantienen abierta la incertidumbre y limitan el alcance de la revisión al alza.











