La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años escaló el miércoles hasta el 5,135%, su nivel más alto desde julio de 2007, y volvió a tensionar a los mercados de acciones. El S&P 500 cayó un 0,8% y el Nasdaq Composite perdió un 1,1%, poniendo fin a cuatro sesiones consecutivas de avances para el índice tecnológico.
Unos datos sólidos elevan la presión sobre la Reserva Federal
El repunte de los rendimientos no estuvo provocado por un deterioro de la economía estadounidense, sino por señales de fortaleza. Los últimos índices PMI apuntaron a una aceleración de la actividad empresarial: el indicador manufacturero subió hasta 57,0 puntos, el de servicios alcanzó los 58,7 y el compuesto se situó en 58,4.
Una economía que mantiene ese ritmo reduce, según la interpretación dominante en el mercado, los incentivos de la Reserva Federal para adoptar una posición más prudente ante los tipos de interés. Además, los mismos datos apuntan a presiones persistentes en las cadenas de suministro y a un aumento de los costes de combustible y transporte. Esos factores podrían dificultar la moderación de la inflación.
El rendimiento del bono estadounidense a dos años también avanzó, hasta el 4,947%. La diferencia entre ambos vencimientos refleja la presión que soporta toda la curva de deuda, aunque el movimiento del bono a 10 años es el que más impacto tiene sobre la valoración de los activos financieros.
El mercado eleva la posibilidad de otra subida de tipos
Los futuros sobre tipos reaccionaron con rapidez a la publicación de los datos. Los inversores asignan ahora una probabilidad superior al 70% a que la Reserva Federal vuelva a subir los tipos en octubre, frente a alrededor del 49% una semana antes.
El cambio de expectativas refuerza la perspectiva de un periodo prolongado de tipos elevados. Ese escenario suele penalizar especialmente a las compañías de crecimiento, porque reduce el valor presente de los beneficios que esperan generar en el futuro. Las empresas tecnológicas con valoraciones elevadas son, por ello, particularmente sensibles a los movimientos de la deuda soberana.
El petróleo añadió presión. El Brent subió casi un 4%, hasta los 103,08 dólares por barril, mientras que el West Texas Intermediate avanzó un 1,8%. Un crudo más caro puede alimentar la inflación al mismo tiempo que una economía resistente mantiene abierta la posibilidad de nuevas subidas de tipos. Para la renta variable, esa combinación complica el escenario.
La subida de los rendimientos se extiende a Japón
El movimiento no se limitó a Estados Unidos. La rentabilidad del bono japonés a 10 años ascendió el jueves hasta el 3,062%, su nivel más alto en tres décadas, y el rendimiento a 30 años avanzó hasta el 4,147%. La evolución refuerza la percepción de que el coste global del capital puede mantenerse por encima de los niveles que el mercado asumió durante años.
Sin embargo, el encarecimiento de la financiación no está afectando por igual a todas las empresas. SoftBank subió más de un 7% en Japón después de anunciar una emisión de bonos por 11.100 millones de dólares. La compañía destinará parte de esos fondos a financiar los últimos 10.000 millones de dólares de su inversión de 30.000 millones en OpenAI.
El contraste resume el momento del mercado: el dinero es más caro, pero continúa disponible para proyectos vinculados a la inteligencia artificial. La incógnita es cuánto tiempo podrán convivir esas inversiones con unos tipos de interés y unos rendimientos de la deuda cada vez más elevados.











