Los futuros de Wall Street arrancan la semana a la baja, presionados por el repunte del petróleo tras el rechazo de Donald Trump a la última propuesta de Irán para alcanzar un acuerdo. Los contratos sobre el S&P 500 y el Dow Jones retroceden alrededor de un 0,4%, mientras que los del Nasdaq-100 pierden cerca de un 0,7%. En paralelo, el Brent sube hasta unos 105,60 dólares por barril.
La respuesta del mercado refleja que la principal fuente de incertidumbre sigue abierta. Un petróleo por encima de los 100 dólares eleva la presión sobre la inflación y dificulta que los bancos centrales mantengan una política de tipos más flexible. Esa combinación vuelve a pesar especialmente sobre las empresas tecnológicas, más sensibles a la evolución de los costes de financiación y a las rentabilidades de la deuda.
El petróleo vuelve a poner a prueba a Wall Street
El movimiento llega después de una semana positiva para la renta variable estadounidense. El S&P 500 avanzó un 1,2% y el Nasdaq Composite ganó un 2,1%, en ambos casos con su mejor balance semanal desde comienzos de agosto. La tecnología fue el principal soporte de los índices.
Meta se revalorizó casi un 13% gracias al entusiasmo generado por su asistente de inteligencia artificial Muse. Microsoft ganó más de un 4%, mientras que Apple y Nvidia también terminaron la semana al alza. Los avances se produjeron pese al fuerte incremento de las rentabilidades de los bonos estadounidenses, una señal de que los inversores siguieron aceptando tipos elevados mientras las expectativas sobre los beneficios tecnológicos conservaron suficiente solidez.
Ese equilibrio, sin embargo, permanece bajo presión. La rentabilidad del bono estadounidense a 10 años alcanzó la semana pasada su nivel más alto desde 2007, y la del bono a 30 años escaló hasta cotas no vistas desde 2004. El rendimiento de la deuda a dos años aumentó alrededor de 17 puntos básicos durante la semana.
La inflación y el empleo marcarán las próximas sesiones
La agenda macroeconómica puede determinar si el mercado vuelve a ajustar sus expectativas sobre los tipos de interés. El miércoles se publicará el índice PCE, el indicador de inflación seguido con especial atención por la Reserva Federal. El jueves se conocerán nuevos datos de la industria estadounidense y el viernes se publicará el informe oficial de empleo correspondiente a septiembre.
Según la lectura recogida en el mercado, unos datos económicos sólidos junto con una inflación persistente podrían impulsar de nuevo las rentabilidades de los bonos. En cambio, unas cifras más débiles ofrecerían cierto alivio a la deuda y a los activos de riesgo. La evolución del crudo será un factor adicional: mientras el petróleo se mantenga por encima de los 100 dólares, la presión inflacionista puede prolongarse.
China modera el ritmo de los beneficios industriales
La sesión también llega con una señal mixta desde China. Los beneficios industriales crecieron un 4,2% interanual en agosto, aunque se trata del menor ritmo mensual de crecimiento de 2026. En los ocho primeros meses del año, estas ganancias acumulan un avance del 15,7%.
Parte de ese resultado está relacionado con la fuerte demanda de chips y equipos informáticos vinculada a la inteligencia artificial. Aun así, la desaceleración mensual añade otro elemento de vigilancia para los mercados. Wall Street afronta así una semana condicionada por el petróleo, la inflación y los tipos de interés. El sector tecnológico mantiene su fortaleza, pero el encarecimiento del crudo y el aumento de las rentabilidades de los bonos dejan más vulnerable la continuidad del repunte.










