ASML ha presentado unos resultados excepcionales, con un crecimiento interanual del 55% en sus ingresos, hasta 11.700 millones de euros, y un beneficio neto cercano a los 5.000 millones. La compañía neerlandesa afronta una demanda de equipos tan elevada que prevé quedarse sin capacidad de producción suficiente en 2027 y 2028. Algunos clientes, según la información difundida, ya están preguntando por máquinas para 2030.
Las cifras refuerzan la solidez del ciclo de inversión vinculado a los chips y a la inteligencia artificial. Sin embargo, el entorno financiero introduce una amenaza que puede afectar incluso a las empresas y proyectos con mejores perspectivas: el coste del dinero sigue aumentando.
Una demanda de capacidad que se extiende hasta 2030
El resultado trimestral de ASML apunta a que la expansión de la infraestructura necesaria para la inteligencia artificial mantiene un fuerte impulso. El crecimiento de la facturación y la magnitud del beneficio muestran la capacidad de la empresa para capturar parte de esa demanda.
La previsión sobre su capacidad productiva añade otra dimensión a los datos. ASML espera no poder atender todo el volumen solicitado durante 2027 y 2028, mientras que algunos clientes ya plantean necesidades para 2030. El mensaje que trasladan estas peticiones es claro: la demanda de procesamiento y de equipamiento para fabricar chips no se limita a un repunte puntual.
En este contexto, compañías como ASML, Nvidia y Microsoft parten de una posición financiera más cómoda. Generan flujos de caja elevados y pueden cubrir una parte importante de sus inversiones con recursos propios. Eso reduce su exposición directa al encarecimiento de la financiación.
El crédito caro presiona a las empresas más débiles
La situación es menos favorable para las compañías con balances frágiles. Las rentabilidades de los bonos estadounidenses se sitúan cerca de sus niveles más altos desde 2002, y los intereses que afrontan las empresas con peor calidad crediticia están subiendo con rapidez.
Las compañías calificadas como CCC ya soportan costes de financiación extremadamente elevados. Para ellas, el dinero caro no solo encarece las nuevas inversiones. También complica la refinanciación de la deuda que vence, un problema que puede agravarse si las condiciones financieras restrictivas se prolongan.
El análisis recogido en la fuente identifica precisamente ahí el principal riesgo para el ciclo alcista relacionado con la inteligencia artificial y para la economía mundial. La divergencia entre las grandes tecnológicas rentables y las empresas más sensibles a los tipos puede mantenerse durante un tiempo, pero también puede intensificarse si aumentan las quiebras, las tensiones crediticias o la desaceleración económica.
El petróleo, una variable decisiva para los tipos
El precio del petróleo aparece como un factor capaz de cambiar el escenario. Los nuevos ataques en el estrecho de Ormuz mantienen elevados los precios de la energía, lo que alimenta la inflación y dificulta que los bancos centrales reduzcan los tipos de interés.
El final de los conflictos en torno a Irán y Ucrania podría modificar esa dinámica. Un petróleo más barato aliviaría la inflación y, según el análisis, podría reducir las rentabilidades de los bonos. Eso abarataría la financiación para empresas y consumidores.
La cuestión, por tanto, no es únicamente si el mundo necesitará más chips. La demanda de capacidad de procesamiento puede seguir creciendo durante años, pero un encarecimiento excesivo del dinero puede provocar una corrección profunda en un ciclo de inversión cuyos fundamentos sigan siendo sólidos. Las empresas más débiles serían las primeras en sufrir, aunque la presión podría acabar extendiéndose al conjunto del mercado.







