La oleada de ventas en las compañías vinculadas a la inteligencia artificial (IA) ha vuelto a poner el foco en un riesgo que afecta a buena parte de los mercados: qué ocurriría con las carteras si la apuesta bursátil por esta tecnología sufriera un desplome. Esta semana, Dell, Ciena y Lumentum perdieron alrededor de un 20% de su valor en bolsa, mientras los bonos utilizados para financiar centros de datos también afrontaban fuertes presiones.
El movimiento no se limitó a la renta variable. La rentabilidad de la deuda estadounidense a diez años cayó unos 24 puntos básicos, una señal de que los inversores también dirigieron parte de su dinero hacia activos considerados defensivos. El episodio muestra, además, la dificultad de encontrar una cobertura aislada frente a un escenario que podría extenderse por distintas clases de activos.
La deuda pública, una cobertura condicionada por los tipos
Los bonos del Tesoro estadounidense aparecen entre las alternativas clásicas para proteger una cartera ante una eventual desaceleración económica. La hipótesis es que un desplome de la inversión relacionada con la IA podría restar impulso al crecimiento y llevar a la Reserva Federal a recortar los tipos de interés de forma drástica.
En ese contexto, los bonos de vencimiento largo suelen beneficiarse de la caída de los tipos, ya que sus precios tienden a subir cuando disminuyen las rentabilidades exigidas por el mercado. La bajada de unos 24 puntos básicos en el rendimiento del bono estadounidense a diez años ofrece una primera referencia sobre ese desplazamiento hacia la deuda pública.
Sin embargo, la estrategia tiene una dificultad evidente: mientras continúe la escalada bursátil de la IA y la inflación permanezca elevada, las rentabilidades de los bonos podrían seguir aumentando. Por eso, el momento de adoptar esta cobertura resulta difícil de anticipar. La deuda pública puede funcionar en un escenario de deterioro económico y recortes de tipos, pero no necesariamente mientras persistan las presiones inflacionistas.
Oro, sectores defensivos y mercados menos expuestos
El oro es otra de las opciones que los inversores observan en este tipo de escenarios. Si un desplome de la IA obligara a los bancos centrales a volver a inyectar grandes cantidades de liquidez en el sistema financiero, el metal precioso podría verse favorecido. La fuente no plantea este desenlace como una certeza, sino como una posibilidad ligada a la respuesta de las autoridades monetarias.
También concentran atención algunos mercados con una exposición directa relativamente baja a la IA, entre ellos determinados segmentos de India, Latinoamérica y Polonia. En renta variable, los sectores de sanidad, telecomunicaciones y servicios públicos se consideran más defensivos frente a una caída de las compañías tecnológicas, aunque eso no los convierte en inmunes a las turbulencias del mercado.
Las acciones de valor constituyen otra vía analizada por los inversores. Duncan Lamont, de Schroders, sostiene que los datos históricos desde 1996 muestran un comportamiento relativamente resistente de este tipo de compañías en los trimestres en los que las acciones de semiconductores registraron fuertes descensos. Cuando los fabricantes de chips cayeron de media entre un 12% y un 15%, las acciones de valor se mantuvieron, de media, prácticamente sin cambios.
Lamont introduce, no obstante, un matiz importante: la etiqueta «valor» no garantiza por sí sola una diversificación real. Muchos de los ETF más populares centrados en estas acciones ya incluyen grandes compañías tecnológicas. La exposición a la IA puede ser, por tanto, mayor de lo que aparenta una cartera construida únicamente a partir de esa categoría.
Una cobertura que no sirve para todos los escenarios
El principal límite es que una caída de la IA podría afectar simultáneamente a las acciones, el crédito, las materias primas y los mercados de bonos. La liquidez, la deuda pública, el oro, las acciones de valor y las zonas con menor exposición tecnológica pueden ofrecer distintos grados de protección, pero ninguna alternativa funciona en todas las circunstancias.
La presencia de la IA en prácticamente todos los mercados financieros eleva la importancia de repartir los riesgos, especialmente cuando aumentan las valoraciones. El episodio de Dell, Ciena y Lumentum, junto con la presión sobre la financiación de los centros de datos, sirve como recordatorio de que la diversificación no elimina las pérdidas, pero puede reducir la dependencia de una sola narrativa de mercado.










