Moody’s ha decidido mantener la calificación crediticia de Francia en Aa3, pese al deterioro de las cuentas públicas, el repunte de la rentabilidad de la deuda soberana y la inestabilidad política que atraviesa el país. La agencia conserva, no obstante, la perspectiva negativa, una señal de que todavía contempla una posible rebaja más adelante.
La decisión, comunicada el viernes por la noche, supone un alivio para el Gobierno de Emmanuel Macron en un momento especialmente delicado para los mercados de deuda. La nota Aa3, que Moody’s asigna también al Reino Unido, refleja la capacidad de Francia para hacer frente a sus obligaciones financieras. Una calificación inferior suele implicar una percepción de mayor riesgo y, potencialmente, un coste más elevado para financiarse.
La deuda francesa afronta una presión creciente
Moody’s considera que la economía francesa está evolucionando por debajo de las expectativas, mientras el déficit público continúa aumentando. La agencia también señala que la rentabilidad de la deuda soberana ha subido con mayor rapidez de la prevista. A estos factores se suma la dificultad del Ejecutivo para aplicar medidas de reducción del gasto en un contexto marcado por las protestas contra el elevado coste de la vida.
La tensión se reflejó esta semana en el mercado. El jueves, el rendimiento del bono francés a diez años alcanzó el 5,14%, su nivel más alto desde 2002. La diferencia frente al bono alemán, utilizada habitualmente como referencia de la prima de riesgo, se amplió hasta 1,78 puntos porcentuales. Es el nivel más elevado desde la crisis de deuda europea de 2011, frente a los 0,85 puntos registrados a principios de septiembre.
La permanencia de Francia en Aa3 no elimina los desequilibrios que preocupan a la agencia. Las previsiones apuntan a que el déficit público alcanzará este año el 5,4% del producto interior bruto, muy por encima del límite del 3% que la Unión Europea establece con carácter general.
El Gobierno necesita aprobar sus presupuestos
El primer ministro, Sébastien Lecornu, pretende reducir el déficit hasta el 5% el próximo año. Para ello, su Ejecutivo ha presentado un proyecto presupuestario que combina recortes de gasto y un aumento de los ingresos fiscales. El principal obstáculo es político: Lecornu no cuenta con mayoría parlamentaria y afronta una oposición intensa.
La Asamblea Nacional rechazó el viernes el apartado de ingresos de los presupuestos de la Seguridad Social para 2027. El texto pasa ahora al Senado, mientras que la tramitación de los presupuestos generales continuará la próxima semana. Moody’s prevé por el momento que el Parlamento termine aprobando unas cuentas capaces de reducir el déficit, aunque el Gobierno podría verse obligado a utilizar un mecanismo que permita aprobarlas sin una votación parlamentaria ordinaria.
La conflictividad social añade incertidumbre al proceso. Más de medio millón de personas se manifestaron el pasado fin de semana contra el coste de la vida y se produjeron disturbios en varias ciudades, incluidos saqueos y ataques contra edificios públicos. Las autoridades francesas también valoran la posibilidad de que se repitan incidentes durante este fin de semana.
La perspectiva negativa mantiene abierta una rebaja
El ministro de Finanzas, Roland Lescure, recibió la decisión como un respaldo a la economía francesa y a los planes presupuestarios del Ejecutivo. También insistió en que será necesario reducir el déficit al 5% el próximo año y pidió al Parlamento que apruebe unas cuentas responsables.
La valoración de Moody’s es actualmente más favorable que la de S&P Global Ratings y Fitch Ratings, que ya rebajaron la nota de Francia durante las dificultades presupuestarias de 2025 y mantienen una calificación inferior. La próxima revisión relevante llegará el 27 de noviembre, cuando S&P vuelva a evaluar la solvencia del país. Hasta entonces, la evolución de la deuda dependerá en buena medida de la capacidad del Gobierno para sacar adelante los presupuestos y contener una presión financiera que la decisión de Moody’s solo ha aplazado.










