Greg Ip, economista de The Wall Street Journal, advierte de que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) podría golpear con fuerza la inversión en inteligencia artificial si necesita mantener una política monetaria restrictiva para devolver la inflación a su objetivo del 2%. Su análisis cuestiona la idea de que unos tipos de interés más altos apenas afectarían a un sector cuya rentabilidad potencial se considera extraordinaria.
La inversión en IA afronta un coste de capital más elevado
Las grandes tecnológicas estadounidenses están destinando cantidades muy elevadas al desarrollo de la inteligencia artificial. Aunque el volumen de gasto y las dudas sobre los costes han alimentado la preocupación entre algunos inversores, el sector continúa atrayendo importantes flujos de capital. La apuesta se basa en que la tecnología generará beneficios de gran magnitud durante los próximos años.
El debate se centra ahora en la resistencia de esta dinámica ante un escenario de tipos elevados. Algunos inversores sostienen que el encarecimiento de la financiación tendría un efecto limitado sobre la demanda de IA y de la energía necesaria para sostenerla.
Bill Ackman, gestor de fondos de inversión libre, se ha preguntado si unos tipos más altos reducirían realmente esa demanda. Su planteamiento es que la rentabilidad potencial de una inteligencia artificial avanzada podría ser tan elevada que el mayor coste de financiar los proyectos tendría una importancia secundaria.
John Arnold, copresidente de Arnold Ventures, mantiene una visión similar. Según la fuente, considera que las subidas de tipos afectarían principalmente a la actividad empresarial y que las compañías podrían trasladar ese incremento de costes a los consumidores. Ese proceso, en su opinión, incluso podría ejercer más presión sobre la inflación.
La advertencia de Greg Ip sobre el efecto de la Fed
Ip considera que esta interpretación subestima el alcance de la política monetaria. Los tipos de interés no solo encarecen los préstamos para las empresas. También reducen la cantidad de dinero disponible para invertir, elevan la cautela de los inversores y dificultan que las compañías capten nuevo capital.
Ese mecanismo resulta especialmente relevante para las tecnológicas vinculadas a la IA, que necesitan grandes volúmenes de financiación para continuar expandiéndose. Si los inversores reducen su disposición a aportar fondos, el crecimiento del sector podría perder ritmo, incluso aunque las expectativas sobre sus beneficios futuros sigan siendo elevadas.
El economista compara la situación con la del año 2000. Entonces, los inversores continuaron destinando dinero a las empresas de internet pese a las subidas de tipos de la Fed, hasta que el cambio en las condiciones financieras terminó poniendo bajo presión a las valoraciones del sector. Ip también cita como ejemplos el estallido de la burbuja puntocom y la crisis inmobiliaria estadounidense, además de atribuir a la política de la Fed un papel relevante en los desplomes bursátiles de 1929 y 1987.
El objetivo de la Fed no es enfriar la IA
La Reserva Federal no tiene como meta específica frenar la inversión en inteligencia artificial. Su objetivo principal es llevar la inflación hasta el 2%. Para lograrlo, no necesita que desaparezcan por completo las presiones sobre los precios asociadas al sector de la IA. Sin embargo, si la inflación permanece demasiado alta, el banco central podría verse obligado a adoptar nuevas medidas.
La tesis de Ip es que la Fed cuenta con herramientas suficientes para reducir el flujo de capital hacia las empresas de inteligencia artificial. Si considera que ese endurecimiento es necesario para controlar la inflación, el economista prevé que no dudará en utilizarlas. La advertencia, por tanto, no plantea que la tecnología haya perdido su atractivo, sino que sus perspectivas de crecimiento también dependen de unas condiciones financieras que el banco central puede modificar.










