Netflix ha perdido unos 300.000 millones de dólares de capitalización bursátil desde el máximo alcanzado el año pasado, en un momento en el que la plataforma afronta una combinación incómoda para los inversores: los usuarios pasan menos tiempo viendo contenidos y la compañía no encuentra nuevos éxitos capaces de marcar una época.
La desaceleración llega pese al elevado gasto de Netflix en programación. La empresa destina alrededor de 20.000 millones de dólares anuales a contenidos, pero el tiempo de uso de la plataforma solo creció un 2% durante el primer semestre de 2026. Además, los datos de la firma de investigación de mercados Antenna indican que Netflix no sumó abonados netos en Estados Unidos en ninguno de los nueve primeros meses del año.
Una reorganización con recortes y cambios en contenidos
La presión sobre el negocio ha llevado al consejero delegado, Ted Sarandos, a poner en marcha una profunda reorganización. La semana pasada, Netflix despidió a unos 1.000 trabajadores, cerca del 6% de su plantilla. Entre las salidas figuran varios directivos relevantes del área creativa, como Bela Bajaria, responsable de contenidos, y Dan Lin, director de cine.
El objetivo es revisar la ejecución de la estrategia, especialmente en Estados Unidos. El crecimiento de los ingresos se sitúa actualmente en torno al 11,8% y la compañía ya ha advertido de que podría seguir moderándose. La evolución de esta cifra será uno de los principales elementos que vigilarán los mercados, más allá de la rentabilidad actual del grupo.
Rich Greenfield, analista de LightShed Partners, considera que Netflix debe demostrar con resultados que puede recuperar un ritmo de expansión más intenso. Según su valoración, si el crecimiento de los ingresos se acelera de nuevo hasta aproximarse al 15% en 2027, las dificultades podrían interpretarse principalmente como un problema de percepción. Si, en cambio, se acerca al 10% o cae por debajo de ese nivel, el diagnóstico sería más estructural.
El reto de crear el próximo gran fenómeno
Netflix ha ampliado su catálogo con programas de telerrealidad, acontecimientos deportivos y entretenimiento en directo. Sin embargo, sus críticos echan en falta nuevas producciones de ficción con un impacto cultural comparable al de algunos de sus grandes éxitos anteriores. La plataforma necesita alimentar de nuevo esa capacidad para generar fenómenos globales, en lugar de depender únicamente de la amplitud de su oferta.
Sarandos ha reconocido que la ejecución en Estados Unidos debe mejorar, aunque sostiene que no son necesarios cambios de fondo en la estrategia de la compañía. En ese contexto, Peter Rice, nuevo responsable de contenidos, tendrá que reforzar la relación de Netflix con Hollywood y definir con mayor precisión la composición de la oferta.
El problema no parte de una empresa en dificultades financieras. Netflix cerró 2025 con unos 325 millones de abonados de pago y obtuvo el año pasado un beneficio de 11.000 millones de dólares, sobre unos ingresos de 45.000 millones. Su negocio sigue siendo sólido y rentable.
La incógnita para el mercado es otra: si Netflix será capaz de convertir esa escala y ese presupuesto en suficientes éxitos de gran alcance como para reactivar el crecimiento. La pérdida de unos 300.000 millones de dólares de capitalización desde el máximo del año pasado refleja la urgencia con la que los inversores esperan una respuesta.










