El repunte de las compañías chinas vinculadas a la inteligencia artificial se ha frenado con una caída que ha eliminado unos 480.000 millones de dólares de capitalización bursátil. El índice STAR50, que reúne a numerosas empresas de chips e IA, ha perdido alrededor de un 40% desde el máximo alcanzado en julio, en un movimiento que ha reabierto el debate sobre la solidez del auge de la inteligencia artificial en Estados Unidos.
Las valoraciones chinas habían alcanzado niveles extremos
El retroceso llega después de una escalada bursátil en la que algunas tecnológicas chinas llegaron a cotizar a varios cientos de veces sus beneficios anuales. La corrección ha sido severa, pero no ha situado al sector en niveles considerados moderados: las empresas del STAR50 cotizan de media a unas 100 veces sus beneficios, frente a las aproximadamente 30 veces del Nasdaq 100.
La diferencia refleja la magnitud de las expectativas que el mercado había incorporado a los precios. Los inversores no solo valoraban los resultados actuales de estas compañías, sino también un crecimiento futuro muy elevado. Cuando esas previsiones empiezan a ponerse en duda, las cotizaciones pueden ajustarse con rapidez.
Las tensiones tampoco se limitan a las empresas relacionadas directamente con la IA. La bolsa china en su conjunto ha recibido un golpe importante, mientras los inversores sopesan varios riesgos: unas valoraciones elevadas, las restricciones a las exportaciones y la incertidumbre sobre si las grandes inversiones en inteligencia artificial llegarán a generar beneficios suficientes.
Wall Street afronta la misma pregunta sobre la rentabilidad
La cuestión resulta especialmente relevante para Estados Unidos porque sus grandes tecnológicas también están destinando cantidades extraordinarias a centros de datos, chips y otras infraestructuras necesarias para desarrollar servicios de IA. Microsoft, Alphabet y Amazon invertirán este año, en conjunto, cientos de miles de millones de dólares para reforzar su posición en esta carrera.
El mercado empieza a exigir algo más que anuncios sobre una demanda creciente. Las compañías deberán demostrar que esos desembolsos se convierten en ingresos y beneficios. La preocupación no se centra únicamente en cuánto se gasta, sino en el tiempo que tardará en recuperarse esa inversión y en la rentabilidad que finalmente producirá.
Por ahora, el comportamiento de las acciones estadounidenses es distinto. Los valores tecnológicos han registrado fuertes oscilaciones y han perdido terreno recientemente, pero no han sufrido una caída comparable al 40% del índice chino vinculado a la IA. El Nasdaq volvió a subir el lunes y las cotizaciones avanzaron también el martes, según la información de referencia.
El precedente chino no anticipa necesariamente otro desplome
El ajuste del STAR50 no significa que las empresas estadounidenses de inteligencia artificial vayan a seguir el mismo camino. Las dos bolsas operan en contextos distintos y la evolución de sus compañías no es idéntica. Sin embargo, el episodio chino ofrece una señal clara sobre la sensibilidad de este tipo de activos cuando las expectativas dejan de justificar sus precios.
Las similitudes están en las valoraciones exigentes, los compromisos financieros cada vez mayores y la dependencia creciente del mercado respecto a un mismo sector. El entusiasmo puede sostener las cotizaciones durante un tiempo, pero la confianza se deteriora con rapidez si los beneficios futuros no avanzan al ritmo necesario para respaldar las inversiones y los múltiplos alcanzados.
Para Wall Street, la prueba será comprobar si el gasto masivo de sus grandes tecnológicas se traduce en resultados suficientes. Esa evaluación, más que la mera expansión de la demanda de IA, marcará la capacidad del sector para mantener el impulso bursátil.










