El Likud, el partido del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, encabeza el recuento de las elecciones legislativas, pero el resultado provisional todavía no le garantiza la formación de un nuevo Gobierno. Con cerca del 53,7% de los votos escrutados, el Likud obtiene 27 escaños y el bloque que respalda a Netanyahu suma 55, seis menos de los necesarios para alcanzar la mayoría parlamentaria.
El bloque de Netanyahu aventaja a la oposición, pero no alcanza los 61 escaños
La Knéset, el Parlamento israelí, cuenta con 120 escaños. Para gobernar se necesitan al menos 61, una cifra que el actual primer ministro aún no logra reunir con los resultados provisionales. El bloque de Netanyahu aventaja por cinco escaños al de sus adversarios, pero esa diferencia no basta para cerrar la composición de un Ejecutivo.
Los primeros sondeos a pie de urna apuntaban a un empate técnico entre los dos grandes bloques. La ventaja del primer ministro fue apareciendo a medida que avanzaba el escrutinio. En un recuento anterior, cuando se había contabilizado cerca del 42% de los votos, las formaciones que apoyan a Netanyahu llegaron a sumar 57 escaños, frente a los 47 de los principales partidos de la oposición.
Queda, sin embargo, casi la mitad de las papeletas por contar. El reparto de fuerzas puede cambiar durante las próximas horas, tanto por la incorporación de nuevos resultados como por el peso que terminen teniendo las formaciones más pequeñas.
Los partidos árabes pueden inclinar la balanza
Que el Likud sea la fuerza más votada no implica que Netanyahu pueda formar Gobierno automáticamente. Ningún partido ha conseguido por sí solo una mayoría en Israel, por lo que la gobernabilidad depende de acuerdos entre distintas formaciones.
En ese escenario, los partidos árabes pueden desempeñar un papel decisivo. Según un recuento anterior, reúnen 16 escaños. Su posición podría marcar la diferencia entre que uno de los bloques alcance la mayoría o que el resultado desemboque en un nuevo bloqueo político.
El bloque opositor liderado por Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor, tampoco dispone por ahora de suficientes apoyos para gobernar en solitario. Tanto Netanyahu como sus adversarios tendrán que negociar con otras fuerzas, en un sistema político acostumbrado a pactos complejos y coaliciones frágiles.
Israel ha celebrado en los últimos años varios procesos electorales después de que los partidos no lograran constituir Gobiernos estables. La elevada participación añade otro elemento destacado a estos comicios: alcanzó el 77,7%, el nivel más alto desde 1999.
Netanyahu reivindica un Gobierno de derechas y centra el discurso en Irán
Durante la noche electoral, Netanyahu pidió a sus seguidores en Jerusalén la formación de un Gobierno “fuerte, nacional y de derechas”. El primer ministro afirmó que las formaciones de derechas habían obtenido una amplia mayoría entre el electorado sionista de Israel, aunque también subrayó que era necesario esperar al resultado definitivo.
Su discurso volvió a situar a Irán en el centro de la agenda. Netanyahu sostuvo que existe una oportunidad histórica para hacer frente a la amenaza iraní junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. También afirmó que Irán está más débil que nunca y que Israel se ha fortalecido.
La seguridad nacional ha sido uno de los principales argumentos de Netanyahu durante la campaña y una de las bases de su reivindicación para continuar en el poder. Sus adversarios defienden un cambio de rumbo. Antes de determinar quién dirigirá Israel, no obstante, habrá que completar el escrutinio y comprobar si alguno de los bloques consigue reunir los apoyos necesarios para superar los 61 escaños.










