Richard Teng, director ejecutivo de Binance, atribuyó el hackeo de USD 6.300 millones a una combinación de engaños durante procesos de reclutamiento, herramientas de inteligencia artificial y fallas en los sistemas de custodia. El responsable del exchange sostuvo que el caso debe servir de advertencia para toda la industria de las criptomonedas.
Una cadena de factores detrás del ataque
Según la explicación de Teng, el incidente no respondería a un único fallo técnico. El ataque habría combinado tácticas de ingeniería social vinculadas al reclutamiento con el uso de herramientas de IA y la explotación de EIP-7702, una función relacionada con el ecosistema de Ethereum.
La referencia a los procesos de contratación apunta a una vertiente operativa del caso: los engaños no se limitaron necesariamente a intentar vulnerar directamente una red o un protocolo, sino que también involucraron mecanismos destinados a obtener acceso o aprovechar debilidades en el entorno de custodia.
El importe señalado, USD 6.300 millones, convierte el episodio en una advertencia de alcance amplio para las empresas que gestionan activos digitales. La lectura de Binance pone el foco en la interacción entre seguridad tecnológica, controles internos y protección de las claves o autorizaciones que permiten mover fondos.
El debate sobre EIP-7702
La mención de EIP-7702 ha abierto una discusión sobre el papel de esa función en el ataque. Un investigador de Ethereum considera que la herramienta no estaría rota. Desde esa perspectiva, el problema podría encontrarse en los sistemas de custodia y en la forma en que se administran los permisos, no necesariamente en un defecto de la propia función.
La diferencia es relevante. Si EIP-7702 no presenta una vulnerabilidad estructural, el incidente no implicaría por sí mismo que la función sea insegura para todos los usuarios o aplicaciones. El riesgo se situaría, según esta interpretación, en la configuración de los sistemas que la utilizan y en los controles que rodean las operaciones de custodia.
La información disponible no permite atribuir el resultado a una sola causa. La versión de Teng describe una cadena de engaños y fallas de custodia, mientras que el investigador citado cuestiona que EIP-7702 esté defectuosa. Ambas perspectivas desplazan el análisis desde una supuesta ruptura del protocolo hacia la combinación de factores humanos, herramientas automatizadas y controles de seguridad.
Una advertencia para el sector
Para Teng, el hackeo debe ser una señal de alerta para toda la industria. El caso muestra, en su lectura, que la seguridad de los activos digitales no depende únicamente de la robustez de una red o de una función concreta. También exige revisar cómo se incorporan empleados, cómo se detectan los engaños y cómo se protegen las autorizaciones dentro de las plataformas de custodia.
El episodio deja así dos cuestiones abiertas: determinar con precisión cómo se encadenaron las técnicas utilizadas y establecer qué parte del riesgo correspondió a EIP-7702 frente a los sistemas que la integraban. La discusión seguirá siendo central mientras exchanges y proveedores de custodia intentan reforzar sus defensas ante ataques que combinan ingeniería social y herramientas de IA.











