Apple presentará este miércoles su primer iPhone plegable, un dispositivo en el que la compañía lleva trabajando casi una década y que supondrá su mayor cambio de diseño en el teléfono desde la aparición del iPhone. El modelo llegará con una pantalla interior de gran tamaño y un precio que, según las estimaciones citadas por Bloomberg, podría partir de unos 2.300 euros y acercarse a los 3.000 en las configuraciones más avanzadas.
Un proyecto que Apple aceleró a partir de 2020
La tecnológica llevaba años investigando los teléfonos y las pantallas flexibles antes de que Samsung lanzara su primer Galaxy Fold, en 2019. Sin embargo, el proyecto ganó prioridad hacia 2020. Durante sus viajes por Asia, Tim Cook observó el uso creciente de dispositivos plegables de Samsung, Huawei y otros fabricantes, y concluyó que Apple debía contar con una propuesta propia.
La empresa estudió inicialmente un iPad mini plegable que pudiera convertirse en una tableta de mayor tamaño. Finalmente, centró sus esfuerzos en el iPhone, un producto con un mercado potencial más amplio. El desarrollo obligó a resolver varios problemas técnicos: reducir la marca visible en la zona de plegado, aumentar la fiabilidad de la bisagra y crear un vidrio capaz de soportar la apertura y el cierre diarios.
Apple habría optado por una bisagra fabricada con titanio y aluminio. Además, trabajó con Corning en un cristal protector específico para la pantalla flexible. La compañía sostiene que el pliegue será considerablemente menos visible que el de los smartphones plegables actuales.
Una pantalla más ancha y un precio todavía incierto en España
El dispositivo incorporaría una pantalla interior de aproximadamente 7,8 pulgadas y una relación de aspecto relativamente ancha, orientada al consumo de vídeo y al uso simultáneo de varias aplicaciones. En el exterior tendría otro panel de unas 5,5 pulgadas. Cerrado, su tamaño sería similar al de un pasaporte; abierto, sus proporciones recordarían a las del Magic Trackpad de Apple.
El nuevo formato también tendría posibles inconvenientes frente a un iPhone convencional. Se espera que el teléfono sea menos resistente, incluya un sistema de cámaras menos potente y ofrezca una autonomía inferior. La apuesta de Apple consiste en que las ventajas de una superficie de pantalla mayor compensen esas concesiones y el sobreprecio.
En Estados Unidos, Apple habría considerado inicialmente un precio de 1.999 dólares, justo por debajo de la barrera de los 2.000. Ese objetivo parece haberse revisado al alza: Bloomberg apunta a un precio de salida de hasta 2.199 dólares, en parte por el encarecimiento de los chips de memoria. Las versiones con más almacenamiento podrían aproximarse a los 3.000 dólares.
El precio para España aún no se conoce. Una conversión directa de la cifra estadounidense no permitiría establecer el importe final, ya que Apple fija precios diferentes según el país y los impuestos también influyen. Como referencia, los plegables de Samsung y Google parten en Estados Unidos de alrededor de 1.899 dólares.
La primera gran prueba para John Ternus
Apple confía en que los programas de renovación, las suscripciones y las opciones de pago aplazado ayuden a facilitar la compra pese al coste. Los analistas de Wall Street prevén ventas de entre siete y diez millones de unidades durante este año, en un mercado que sigue siendo reducido frente al conjunto de los teléfonos inteligentes.
IDC calcula que en el año se venderán unos 22,9 millones de smartphones plegables, frente a más de mil millones de smartphones en total. Aun así, este segmento crecería un 13%, por encima del ritmo previsto para el mercado general.
La presentación será también la primera gran aparición de John Ternus como consejero delegado de Apple. Ternus asumió el cargo el 1 de septiembre, mientras Cook pasó a ocupar la presidencia ejecutiva. Antiguo responsable del hardware de la compañía, Ternus participó en la fase final del desarrollo del plegable y deberá defender ante los consumidores un producto más caro y con algunas limitaciones técnicas.











