Bitcoin parece haber dejado atrás el criptoinvierno que, según su patrón histórico de cuatro años, todavía debía prolongarse durante varios meses. Desde el mínimo de 57.800 dólares registrado el 1 de julio, la criptomoneda ha avanzado más de un 50% y, en el último movimiento descrito, superó los 87.400 dólares, su nivel más alto desde enero.
La subida ha reabierto el debate sobre la vigencia de los ciclos tradicionales de Bitcoin. El comportamiento reciente de la mayor criptomoneda por capitalización se aparta de una secuencia que, hasta ahora, había ofrecido referencias relativamente consistentes para identificar los máximos y los mínimos del mercado.
Un patrón de cuatro años que empieza a resquebrajarse
El ciclo de Bitcoin está estrechamente ligado al halving, el proceso por el que cada 210.000 bloques —aproximadamente una vez cada cuatro años— se reduce a la mitad la cantidad de nuevos bitcoins que entran en circulación. El mecanismo limita la oferta y también disminuye la recompensa que reciben los mineros por proteger la red.
Después de cada uno de los tres últimos halvings llegó un mercado alcista que duró 35 semanas, con el máximo situado en el cuarto trimestre del año posterior al evento. Los mercados bajistas de 2018 y 2022 se prolongaron durante un año, mientras que el de 2014 duró 14 meses. En todos esos casos, los mínimos se produjeron en el cuarto trimestre.
Esta vez, sin embargo, la evolución del precio no encaja del todo con ese calendario. El avance desde los 57.800 dólares ha llevado a Bitcoin por encima del precio medio de compra de los inversores activos y de la media de 50 semanas, dos referencias consideradas relevantes para evaluar la tendencia.
La señal que más ha reforzado la hipótesis de que el mercado bajista terminó es la formación de un nuevo máximo desde octubre. Bitcoin superó el pico de mayo, situado en 82.850 dólares, y posteriormente avanzó hasta los 87.400 dólares. Ese nivel no se veía desde enero.
La presión sobre el dinero que esperaba al margen
La ruptura se produce después de una fuerte corrección. El 6 de octubre, Bitcoin alcanzó un récord de 126.200 dólares y desde entonces llegó a perder más de la mitad de su valor. Aunque el efecto de cada halving es progresivamente menor y la adopción institucional ha ganado peso, el último máximo volvió a producirse en el cuarto trimestre del año posterior al halving. Por eso, parecía razonable esperar que el suelo apareciera de nuevo alrededor de octubre.
El repunte actual altera esa expectativa y coloca ante una disyuntiva a los inversores que aguardaban precios más bajos para entrar. A medida que el mercado sube, aumenta el coste de seguir fuera si la corrección esperada no llega. Esa dinámica puede alimentar el denominado FOMO, el miedo a quedarse fuera.
También intervienen el anclaje y la resistencia a reconocer un análisis fallido. Quienes tuvieron la oportunidad de comprar cerca de los 58.000 dólares pueden considerar demasiado elevado un precio de 87.000, mientras esperan un retroceso que les permita incorporarse en mejores condiciones. Pero cada nuevo avance incrementa la presión psicológica para tomar una decisión.
Según la interpretación recogida en la fuente, si esa demanda acumulada durante meses entra de forma repentina y los inversores que soportaron la caída no tienen prisa por vender, el movimiento puede acelerarse. Esa combinación ayuda a explicar por qué una ruptura de máximos intermedios puede dar combustible adicional al rally y poner a prueba, una vez más, el ciclo histórico de Bitcoin.










