Estados Unidos, Rusia y China concentran alrededor del 66% de la potencia de cálculo estimada de la red de Bitcoin, aunque el equilibrio entre los tres países ha cambiado ligeramente. Estados Unidos perdió peso en la última medición de Hashrate Index, mientras Rusia avanzó y se consolidó como el segundo gran foco de minería.
La estimación publicada el 5 de octubre sitúa la potencia minera estadounidense en unos 335 EH/s, frente a los 345 EH/s de la edición anterior. Su cuota sobre la red bajó del 36,7% al 35,6%. Rusia, en cambio, pasó de aproximadamente 162 a 170 EH/s y elevó su participación del 17,2% al 18,1%.
China también redujo su actividad estimada, desde unos 115 hasta 110 EH/s. Su cuota descendió del 12,2% al 11,7%. Aun así, los tres países mantienen una posición dominante: en conjunto representan el 65,4% de la red, frente al 66,2% de la medición anterior, una reducción de unos 0,8 puntos porcentuales.
Un cambio de reparto con una red prácticamente estable
El movimiento no implica una contracción significativa de la potencia total de Bitcoin. El hashrate global, calculado como una media móvil simple de 30 días, pasó de unos 940 a 941 EH/s. Las pérdidas estimadas en Estados Unidos y China quedaron compensadas por aumentos en otras ubicaciones.
Hashrate Index presenta sus cifras como una actualización del cuarto trimestre, pero los datos describen observaciones correspondientes al trimestre anterior. Por tanto, no constituyen un resultado cerrado del cuarto trimestre ni un censo en tiempo real de la localización de los equipos. La edición comparativa de julio recogía estimaciones de junio.
La plataforma de Luxor Technology combina datos de grupos de minería, movimientos comerciales de equipos ASIC y tendencias de adopción de firmware. Este tipo de cálculo está sujeto a incertidumbre. La metodología del mapa minero de Cambridge, por ejemplo, advierte de que la muestra de los grupos puede no ser representativa y de que el uso de redes privadas virtuales o proxies puede distorsionar la localización inferida.
La ubicación de los equipos no determina quién controla la minería
El reparto geográfico permite saber dónde se estima que opera la capacidad informática, pero no quién es su propietario efectivo ni quién coordina el trabajo de minería. Tampoco demuestra qué participantes seleccionan las transacciones incluidas en los bloques.
En la minería agrupada, los operadores aportan potencia de cálculo a un grupo que coordina el trabajo y distribuye las recompensas. En el modelo tradicional de Stratum, los mineros reciben la información necesaria para construir las cabeceras de los bloques, pero no necesariamente pueden revisar o añadir las transacciones. Por eso, la localización física de las máquinas no equivale automáticamente a capacidad de decisión sobre el contenido de la cadena.
La comparación tampoco demuestra que equipos estadounidenses hayan sido trasladados a Rusia. El cambio puede responder a máquinas que se desconectan en un país y a nueva capacidad que entra en funcionamiento en otro. Para determinar si existe una mayor diversidad de propietarios o de actores con capacidad de coordinación harían falta datos sobre la titularidad, la participación en los grupos y la selección de plantillas de bloques.
La competencia con la inteligencia artificial añade incertidumbre
Hashrate Index atribuye parte de las caídas regionales a la reconversión de instalaciones de minería hacia cargas de inteligencia artificial y computación de alto rendimiento. Algunos anuncios empresariales muestran que ese proceso existe, aunque no permiten extrapolar sus efectos a todo un país.
Keel Infrastructure comunicó el 10 de agosto que había completado el desmantelamiento de todas sus operaciones estadounidenses de minería de Bitcoin para preparar la construcción de instalaciones destinadas a computación de alto rendimiento. Core Scientific describió el 28 de julio un proceso todavía en curso para reutilizar parte de sus centros mineros como servicios de alojamiento de alta densidad.
La diferencia es relevante: una instalación temporalmente parada puede volver a operar si cambian las condiciones, mientras que otra en proceso de reconversión afronta un escenario distinto. Por ahora, los datos apuntan a un ligero desplazamiento geográfico dentro de una red minera que continúa muy concentrada. No bastan, sin embargo, para concluir que haya aumentado la descentralización en términos de propiedad o de control.









