El cierre de Nifty Gateway, el mercado de NFT propiedad del exchange de criptomonedas Gemini, ha dejado al descubierto una obligación poco visible durante el auge de estos activos: conservar una obra digital requiere mantener sus archivos, sus enlaces y la infraestructura que permite acceder a ellos. La plataforma anunció su clausura en enero, después de que su matriz decidiera concentrarse en su aplicación financiera principal.
La salida incluye una herramienta para retirar activos de forma masiva y planes para alojar las obras. Nifty Gateway también amplió hasta el 23 de abril el plazo para realizar retiradas. En su actualización, la compañía explicó que pretendía trasladar los registros descriptivos y el alojamiento de los archivos multimedia a Arweave, una red diseñada para el almacenamiento a largo plazo.
El token no contiene necesariamente la obra
El episodio cuestiona una de las ideas más extendidas durante la fiebre de los NFT: que comprar el token equivalía a hacerse cargo de la obra para siempre. En realidad, el token, la imagen o el vídeo y la página desde la que se visualizan pueden depender de servicios distintos y tener una vida útil diferente.
En muchos NFT de Ethereum se utiliza el estándar ERC-721, que registra quién posee cada token y permite transferirlo. La cadena de bloques conserva ese registro, pero el token suele apuntar a un archivo separado de metadatos. Ese documento contiene información como el nombre de la obra y el enlace a su imagen o vídeo. La cartera recupera esas piezas y las presenta como un único objeto.
Este diseño evita cargar archivos pesados directamente en la cadena de bloques, pero introduce una dependencia adicional. Transferir un token a una cartera bajo control del comprador permite gestionar su propiedad y sus movimientos, pero no descarga automáticamente la obra, no cambia el servidor que la aloja ni paga el coste de mantenerlo operativo.
Según la información difundida por Nifty Gateway, algunos NFT creados en 2021 o antes tenían sus registros vinculados de forma permanente a servidores propios. La compañía aseguró que mantendría esos metadatos alojados de manera indefinida. Estas medidas describen el acuerdo anunciado por la plataforma, pero no demuestran por sí solas que todas las migraciones se hayan completado ni que se haya perdido alguna obra concreta.
El almacenamiento descentralizado también tiene costes
Protocolos como IPFS permiten identificar un archivo a partir de su contenido y facilitan que distintos ordenadores sirvan copias verificables sin depender de la web de una sola empresa. Sin embargo, formar parte de esa red no obliga a ningún equipo a conservar una colección de manera permanente.
Los archivos almacenados en caché pueden eliminarse para liberar espacio. Para evitarlo, un operador debe fijar el contenido, un proceso conocido como “pinning”, y comprometerse a mantenerlo disponible. Esa tarea puede asumirla el propio coleccionista o un proveedor especializado, pero alguien debe hacerse cargo del coste y de la continuidad del servicio.
Por eso, que una imagen no cargue no significa necesariamente que haya desaparecido. El navegador puede acceder a un archivo de IPFS a través de una pasarela, es decir, una web que recupera el contenido. Si esa pasarela falla, otra podría mostrarlo. Pero si nadie conserva una copia, cambiar de dirección no resolverá el problema.
Existen alternativas, como guardar los datos de la obra directamente en la cadena de bloques o emplear redes de almacenamiento con incentivos para conservarlos durante años. Cada modelo mantiene sus propias dependencias: desde la continuidad de la cadena hasta la financiación y la actividad de los proveedores de almacenamiento.
La conservación forma parte de la propiedad digital
El mercado de NFT alcanzó su punto más visible en 2021. Christie’s vendió entonces un NFT de Beeple por 69,35 millones de dólares, mientras que Sotheby’s ingresó 24,40 millones por 101 NFT de Bored Ape Yacht Club. Aquellas operaciones situaron a los activos digitales en el circuito de las grandes subastas, pero no resolvieron quién asumiría su conservación a largo plazo.
Instituciones culturales ya analizaban esa cuestión mientras se sucedían los récords. En diciembre de 2021, el responsable de preservación digital del LACMA, Joey Heinen, y el informático Elian Carsenat abordaron la importancia del software, el almacenamiento y la responsabilidad continuada para mantener accesibles las obras NFT.
La experiencia de los museos muestra que conservar arte digital puede exigir algo más que guardar archivos. La restauración de Lovers, de Teiji Furuhashi, documentada por el MoMA en 2016, implicó trabajar con tecnologías obsoletas como MS-DOS y LaserDiscs para recuperar tanto las imágenes como el comportamiento interactivo de la instalación.
La propiedad digital, por tanto, no termina al pulsar el botón de compra. Requiere saber dónde vive una obra, conservar copias y garantizar que otra persona pueda asumir su mantenimiento. El auge de los NFT convirtió la escasez y la titularidad en el centro del debate; el cierre de plataformas recuerda que la permanencia depende, sobre todo, de quién sigue pagando y haciendo ese trabajo cuando ya no queda nada nuevo que vender.












