El oro ha perdido más de un 25% desde comienzos de año pese a que los fondos cotizados especializados y los bancos centrales continúan aumentando su exposición al metal precioso. La onza, que alcanzó los 5.595 dólares el 28 de enero, había retrocedido hasta los 4.093 dólares el 14 de octubre. La caída ha devuelto el foco a los tipos de interés estadounidenses y a la presión vendedora en el mercado de futuros.
Los bonos estadounidenses elevan el coste de oportunidad
La evolución del oro contrasta con su comportamiento de 2025, cuando su precio se revalorizó un 64%. El descenso se ha intensificado desde finales de agosto y se produce en un entorno menos favorable para los activos que no generan intereses.
La Reserva Federal elevó los tipos de interés en septiembre en 0,25 puntos porcentuales. Al mismo tiempo, la rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a diez años alcanzó el 5,35%, su nivel más alto en 24 años. Cuando los rendimientos de la deuda suben, el oro pierde atractivo relativo: los bonos ofrecen un pago periódico, mientras que la inversión en oro depende de que su precio aumente.
La inflación sigue siendo elevada, según la información disponible, lo que podría llevar a la Fed a mantener durante más tiempo una política monetaria restrictiva. Los analistas citados vinculan precisamente la posibilidad de una recuperación del oro a la trayectoria de los tipos en Estados Unidos. Si los rendimientos permanecen altos, el metal podría seguir sometido a presión.
Las compras de los ETF no han bastado
La debilidad del precio resulta especialmente llamativa por el comportamiento de los fondos de oro. Según el Consejo Mundial del Oro, los ETF centrados en este activo captaron 6.800 millones de dólares en septiembre. Las entradas netas acumuladas desde enero alcanzaron así los 21.300 millones.
Sin embargo, el oro cayó más de un 8% durante septiembre. Los datos del organismo apuntan a una explicación relacionada con la composición de los flujos del mercado. Mientras los fondos incrementaron sus tenencias en más de 70 toneladas, los operadores profesionales vendieron grandes volúmenes de contratos de oro en el mercado de futuros. Esa actividad vendedora habría pesado más que las compras realizadas a través de los ETF.
La demanda física tampoco está aportando el mismo respaldo. La compra de joyería de oro disminuyó un 17% en el segundo trimestre. El dato refleja una menor demanda en uno de los segmentos tradicionales del mercado, aunque no permite por sí solo explicar toda la caída de la cotización.
Los bancos centrales mantienen su estrategia
Los bancos centrales siguen acumulando oro, aunque a un ritmo inferior. Durante el primer semestre de 2026 compraron 345 toneladas. Además, el 89% de los bancos centrales consultados en una encuesta prevé que las reservas mundiales del metal continúen creciendo.
Ese respaldo institucional convive, por tanto, con factores financieros que están dominando la formación de precios a corto plazo. Las compras oficiales y las entradas en ETF sostienen la demanda estructural, pero no han impedido que las ventas en futuros y el aumento de la rentabilidad de la deuda estadounidense empujen el mercado a la baja.
Las previsiones sobre una eventual recuperación siguen divididas. Algunos expertos consideran que el oro podría encontrar apoyo si el Gobierno estadounidense interviene para limitar la rentabilidad de los bonos. En una encuesta de Kitco Metals, la mitad de los analistas espera una subida del precio, mientras que un 14% anticipa nuevas caídas. El resto mantiene una posición distinta a ambos escenarios, sin que exista un consenso claro sobre el próximo movimiento del metal.










