Un amplio grupo de empresas estadounidenses ha advertido a Donald Trump de que restringir las exportaciones de diésel podría terminar encareciendo el combustible en Estados Unidos. La Casa Blanca estudia limitar esos envíos para contener el aumento de los precios, pero las organizaciones empresariales temen que la medida reduzca los incentivos de las refinerías para mantener su producción.
Las empresas alertan de un posible efecto contrario
La Cámara de Comercio de Estados Unidos, Business Roundtable, la Asociación Nacional de Fabricantes y el Instituto Americano del Petróleo, entre otras entidades, han trasladado sus objeciones al presidente en una carta conjunta.
Su argumento es que una restricción a las exportaciones alteraría el funcionamiento del mercado nacional. Si las refinerías no pudieran vender en el exterior parte del diésel que producen, podrían dejar de operar a plena capacidad. El resultado, según estas organizaciones, sería una menor producción, una oferta más limitada y mayores costes para familias, agricultores y transportistas.
La advertencia llega cuando el diésel se ha convertido en un foco de presión política para la Administración. El precio medio en Estados Unidos se situaba el jueves en 6,51 dólares por galón, según AAA, lo que supone 2,82 dólares más que en el mismo periodo del año pasado. El encarecimiento tiene especial peso en los estados agrícolas de cara a las elecciones de mitad de mandato.
La Casa Blanca analiza una prohibición total o parcial
Trump afirmó el martes que había pedido a su Gobierno estudiar medidas contra la exportación de diésel. “He dicho: no exportemos el diésel. Producimos mucho diésel”, declaró el presidente.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó posteriormente que la Casa Blanca está evaluando la viabilidad de limitar las exportaciones. El análisis incluye la capacidad total de refino y contempla tanto una prohibición completa como una medida parcial.
Politico informó, citando fuentes anónimas, de que el Gobierno estaría trabajando incluso en una posible suspensión de las exportaciones durante 90 días. La información provocó movimientos inmediatos en los mercados financieros: los futuros del diésel cayeron y las acciones de las compañías de refino se vieron presionadas.
El secretario de Energía, Chris Wright, rebajó después las expectativas sobre el alcance de la iniciativa. En declaraciones a The New York Times, afirmó que no se está debatiendo una prohibición total que impida cualquier exportación de diésel. Según explicó, el objetivo sería encontrar una vía para poner más combustible a disposición de los consumidores estadounidenses sin afectar a la producción de gasolina y combustible para aviación.
Wright también advirtió de que una prohibición completa podría elevar precisamente los precios de la gasolina en Estados Unidos. El temor de fondo coincide con el planteado por las empresas: un alivio inicial en algunas zonas podría verse compensado más adelante por una menor producción de las refinerías y una reducción de la oferta.
Un mercado internacional sometido a presión
La discusión se produce además en un mercado mundial del diésel ya tensionado. Los precios han subido con fuerza después de que los ataques ucranianos contra refinerías rusas llevaran a Moscú a suspender sus exportaciones. Antes de esa decisión, Rusia era el segundo mayor exportador mundial de diésel.
Estados Unidos es actualmente, según la información citada, el principal proveedor de diésel del mercado internacional. Por eso, una limitación de sus exportaciones no afectaría únicamente a los consumidores estadounidenses, sino también a la disponibilidad global de combustible.
A esta situación se suman los ataques de Irán y de los hutíes contra refinerías en Oriente Medio, además de la incertidumbre relacionada con el estrecho de Ormuz. En este contexto, cualquier decisión de Washington sobre las exportaciones podría tener efectos más amplios que los inicialmente buscados por la Administración.










