Ethereum ha activado la actualización Glamsterdam en Sepolia, una de sus redes públicas de pruebas, y el límite máximo de gas de la red ha pasado de unos 60 millones a casi 200 millones de unidades. El aumento eleva la capacidad teórica en más de un 230%, aunque todavía queda por comprobar cómo responde la infraestructura cuando los bloques se llenan y la demanda alcanza niveles elevados.
Sepolia supera los 200 millones de unidades de gas
Glamsterdam se activó el martes en Sepolia, un entorno utilizado por los desarrolladores para probar cambios antes de trasladarlos, eventualmente, a la red principal de Ethereum. El jueves, la red ya producía bloques con una capacidad máxima cercana a los 200 millones de unidades de gas, frente al límite anterior, situado alrededor de los 60 millones.
El gas mide los recursos de computación necesarios para ejecutar operaciones en Ethereum. En términos generales, un límite más alto permite incluir más transacciones en cada bloque. La modificación puede ser especialmente relevante durante los periodos de actividad intensa, cuando los usuarios compiten por un espacio limitado y las comisiones tienden a aumentar.
El nuevo límite, sin embargo, no significa que Ethereum vaya a procesar automáticamente más del triple de transacciones. Glamsterdam también modifica el coste de gas de determinadas operaciones, por lo que la capacidad efectiva dependerá del tipo de actividad que se ejecute en la red.
Las primeras mediciones todavía no han sometido a Sepolia a esa presión. Un análisis de CoinDesk sobre más de 25 bloques consecutivos situó el consumo real entre 52 y 92 millones de unidades de gas. Eso equivale a utilizar entre el 26% y el 46% de la capacidad disponible. Ninguno de los bloques examinados alcanzó el nuevo máximo.
La prueba de estrés será clave para los validadores
El siguiente paso consistirá en comprobar la estabilidad de Ethereum cuando los bloques se acerquen a su límite. Procesar más operaciones implica que los equipos que mantienen la red deberán manejar, verificar y almacenar un volumen superior de datos. Si las exigencias técnicas aumentan demasiado, la participación podría quedar limitada a operadores con equipos más potentes, con posibles efectos sobre la descentralización.
Una prueba independiente ofreció, no obstante, un resultado favorable. Durante un ensayo de seis minutos se propusieron los 32 bloques previstos y, según datos de ethPandaOps, la red alcanzó una tasa de finalidad del 99,97%, calculada en función del ETH depositado como garantía. El dato indica que prácticamente todos los validadores participantes alcanzaron consenso para confirmar las transacciones de forma definitiva.
Glamsterdam no se limita a elevar el límite de gas. La actualización también integra en las reglas de Ethereum la coordinación entre los participantes que agrupan las transacciones y los validadores que verifican los bloques. El objetivo es que estos últimos dispongan de más tiempo para comprobar el procesamiento y conozcan con antelación las cuentas y los datos necesarios para ejecutar cada operación.
Además, algunas transacciones podrán verificarse en paralelo, aunque las operaciones que dependan unas de otras seguirán necesitando un orden concreto. Este cambio busca aprovechar mejor la capacidad disponible sin eliminar las dependencias que existen entre determinadas acciones.
La activación en la red principal aún no tiene fecha
Los cambios en los costes de gas también pueden afectar a los desarrolladores. Glamsterdam revisará el precio de algunas operaciones relacionadas con el almacenamiento y la consulta de datos, de modo que ciertas aplicaciones tendrán que volver a probarse antes de una eventual llegada a la red principal.
La siguiente prueba está prevista provisionalmente para el 27 de octubre en Hoodi, otra red pública de pruebas de Ethereum. La fecha aún no es definitiva: los desarrolladores quieren analizar primero los resultados de Sepolia antes de decidir si avanzan a la siguiente fase.
Por ahora, Ethereum tampoco ha fijado una fecha para activar Glamsterdam en su red principal. Las próximas pruebas deberán aclarar si la mayor capacidad se mantiene cuando la red opera cerca de su límite y si el aumento de carga puede asumirse sin comprometer su estabilidad ni la participación de los validadores.











