Google prepara para el 1 de octubre el lanzamiento de un satélite experimental que forma parte de Project Suncatcher, una iniciativa con la que la compañía estudia si los centros de datos destinados a inteligencia artificial podrían operar algún día en el espacio. El proyecto se encuentra todavía en una fase inicial: Google reconoce que pasarán años antes de disponer de un sistema realmente utilizable.
El dispositivo tiene aproximadamente el tamaño de un frigorífico y una capacidad de cálculo comparable a la de un servidor, según informó The New York Times. Actualmente está sometido a pruebas exhaustivas y viajará a la órbita terrestre a bordo de un cohete Falcon 9 de SpaceX.
Un experimento para llevar la computación fuera de la Tierra
Project Suncatcher parte de una premisa relacionada con el fuerte consumo energético de la inteligencia artificial. Los centros de datos que ejecutan estos modelos necesitan grandes cantidades de electricidad y, en muchos casos, recurren también al agua para refrigerar sus equipos. Google analiza si trasladar parte de esa infraestructura al espacio podría aliviar esas presiones a largo plazo.
En órbita, los paneles solares tendrían acceso a la luz solar durante periodos mucho más prolongados que las instalaciones terrestres, sin algunas de las limitaciones asociadas a la noche o a las condiciones meteorológicas. Esa disponibilidad energética es uno de los principales argumentos de la compañía para investigar una arquitectura de este tipo.
El satélite podrá permanecer activo un máximo de seis años. Cuando termine su vida útil, está previsto que se desintegre al entrar en la atmósfera. La misión servirá para comprobar sobre el terreno cómo responde la tecnología en un entorno muy distinto al de un centro de datos convencional.
Radiación, refrigeración y transmisión de datos
Las dificultades técnicas, sin embargo, son considerables. Los sistemas informáticos tendrían que resistir la radiación y el riesgo asociado a la basura espacial. Además, cualquier reparación sería mucho más compleja que en la Tierra y la infraestructura debería enviar grandes volúmenes de datos al planeta con rapidez.
La refrigeración representa por ahora uno de los obstáculos principales. Los chips instalados en el primer satélite solo pueden funcionar durante unos quince minutos consecutivos. Después deben apagarse para reducir su temperatura antes de volver a operar.
Estas limitaciones explican que Google no espere una implantación rápida de centros de datos espaciales a gran escala. James Manyika, director de investigación de la compañía, declaró a The New York Times que Google no prevé tener “nada realmente utilizable en funcionamiento durante los próximos años”. La afirmación sitúa el proyecto en el terreno de la experimentación, no en el de un servicio preparado para competir con la infraestructura existente.
Una red prevista de 80 satélites
Pese a las dificultades, Google ya contempla ampliar las pruebas. La compañía quiere lanzar otros dos satélites el próximo año y trabaja con el objetivo final de formar una red de 80 unidades que vuelen próximas entre sí alrededor de la Tierra.
El lanzamiento del 1 de octubre será, por tanto, el primer paso de una estrategia todavía abierta. Antes de que una constelación de este tipo pueda sostener cargas de inteligencia artificial de forma continua, Google tendrá que resolver la refrigeración, la resistencia de los componentes, las comunicaciones y el mantenimiento en órbita.











