El mercado de materias primas atraviesa un año de fuertes subidas, pero el avance está lejos de ser homogéneo. El índice general del sector acumula alrededor de un 30%, mientras el cobre y el petróleo se sitúan entre los principales beneficiados. El oro y la plata, en cambio, avanzan con más dificultad pese a la incertidumbre económica y geopolítica.
La evolución refleja que las materias primas no responden a un único ciclo. Detrás de cada mercado operan factores diferentes: la inversión en infraestructuras vinculadas a la inteligencia artificial, el riesgo sobre el suministro energético, la evolución de los tipos de interés y la competencia por recursos estratégicos.
El cobre se apoya en la expansión de la inteligencia artificial
El cobre se ha convertido en uno de los grandes ganadores por el crecimiento de la inteligencia artificial. La expansión de esta tecnología exige centros de datos cada vez mayores y con un consumo eléctrico elevado. Para atender esa demanda son necesarias nuevas redes, transformadores, sistemas de refrigeración, fábricas de semiconductores y otras instalaciones energéticas.
El metal está presente en buena parte de esas aplicaciones. Por eso, los inversores no valoran únicamente el consumo actual, sino también la expectativa de que la economía mundial necesite ampliar de forma considerable su infraestructura eléctrica. El desarrollo de la IA, en este sentido, tiene consecuencias que van más allá de las compañías tecnológicas y los fabricantes de chips.
Otros metales industriales, como el aluminio, el níquel y el zinc, también pueden beneficiarse de la construcción de nuevas redes y de la ampliación de las instalaciones de suministro energético. La demanda asociada a la IA se extiende así por toda la cadena de infraestructuras que sostiene esta actividad.
El petróleo depende del riesgo sobre la oferta
La subida del petróleo obedece a una lógica distinta. El precio del crudo está especialmente expuesto a la geopolítica y a la seguridad del suministro. Los conflictos, las restricciones comerciales o las interrupciones en rutas clave pueden reducir la oferta disponible y provocar una reacción rápida en los mercados.
El petróleo mantiene un papel central en el transporte, la industria y el suministro energético. Cualquier amenaza de escasez tiene, por tanto, un impacto amplio. Además, un crudo más caro eleva los costes de transporte, producción y energía, con capacidad para trasladarse a los precios finales y alimentar las presiones inflacionistas.
Las materias primas suelen considerarse una posible protección frente a la inflación porque algunas pueden encarecerse cuando sube el nivel general de precios. Sin embargo, el comportamiento de este año muestra que esa relación no es automática. El cobre responde sobre todo a una expectativa de crecimiento estructural de la demanda, mientras que el petróleo reacciona con mayor intensidad a los riesgos de suministro.
Los tipos de interés restan atractivo al oro
El oro y la plata presentan un comportamiento más rezagado. En principio, la incertidumbre geopolítica, el endeudamiento público elevado y las turbulencias financieras suelen favorecer a los metales preciosos. Pero el incremento de las expectativas de inflación también ha impulsado al alza los tipos de interés a largo plazo.
Ese movimiento mejora el atractivo relativo de los bonos. El oro no genera intereses ni otros ingresos, de modo que mantenerlo implica renunciar a la rentabilidad que ofrecen otros activos cuando suben los rendimientos. Ese coste de oportunidad ayuda a explicar por qué el metal precioso no acompaña el avance del cobre y el petróleo.
Las tierras raras completan el grupo de materias primas que despiertan mayor interés en 2026. El neodimio y el praseodimio, utilizados en la fabricación de imanes, han registrado subidas especialmente destacadas. Su demanda está ligada a los centros de datos y otras infraestructuras de IA, los vehículos eléctricos, los aerogeneradores y los sistemas de defensa.
La oferta añade presión al mercado. China mantiene una posición dominante en varios eslabones de la cadena mundial de suministro, mientras aumentan las tensiones comerciales con Estados Unidos y Europa. La combinación de una demanda creciente, una producción limitada y dudas sobre el abastecimiento explica la atención sobre estos metales.
El resultado es un mapa fragmentado: una misma subida del índice de materias primas reúne dinámicas vinculadas a la tecnología, la energía, la inflación y la geopolítica. La evolución de cada activo depende de su propia demanda, de la disponibilidad de oferta y de las alternativas de inversión existentes.










