Irán ha ofrecido reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de siete días si Estados Unidos reduce la presión militar y levanta el bloqueo sobre los puertos iraníes. La propuesta, comunicada a Washington a través de mediadores, podría aliviar la tensión en el mercado energético, aunque también responde al interés de Teherán por recuperar una de sus principales vías de exportación y una fuente esencial de ingresos.
Una reapertura condicionada a movimientos de Washington
Un alto cargo del Gobierno iraní declaró a la agencia japonesa Kyodo News que la vía marítima podría volver a abrirse una semana después de que Estados Unidos diese pasos hacia el fin del bloqueo de los puertos y detuviese las operaciones militares en torno al estrecho. Según esa misma fuente, la iniciativa habría recibido el respaldo del líder supremo, Mojtaba Khamenei, y del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán.
El funcionario sostuvo que todavía existe margen para alcanzar un acuerdo, pero reclamó a Washington “seriedad y compromiso”. La agencia turca Anadolu no pudo verificar de forma independiente esas declaraciones. Tampoco está claro si la nueva oferta modifica las siete condiciones planteadas el sábado por Mohsen Rezaei, secretario del Consejo de Seguridad, entre las que figuran el levantamiento del bloqueo y la liberación de activos iraníes congelados.
La propuesta tampoco contempla, según el funcionario, una reunión entre el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, y el presidente estadounidense, Donald Trump, durante la Asamblea de Naciones Unidas que se celebra esta semana en Nueva York. Trump afirmó la semana pasada que afronta una “gran decisión” sobre posibles nuevos ataques y tiene previsto reunirse en la ciudad con dirigentes de seis Estados del Golfo.
El petróleo modera la tensión, pero sigue cerca de los 100 dólares
La posibilidad de una reapertura ha coincidido con una nueva caída del petróleo Brent, referencia internacional para el crudo. El precio baja casi un 1% y acumula un retroceso aproximado del 10% desde el máximo registrado el 11 de septiembre.
El mercado está descontando un menor riesgo de escasez inmediata. Arabia Saudí trabaja en la reparación de un oleoducto que le permitiría transportar crudo evitando el estrecho, mientras que el número de petroleros que atraviesan la zona es superior al que se temía inicialmente. Aun así, el Brent se mantiene cerca de los 100 dólares por barril, un nivel que continúa presionando los costes energéticos.
Por ahora, el impacto sobre la inflación subyacente —que excluye la energía y los alimentos— sigue siendo relativamente limitado. Si el petróleo mantiene la tendencia bajista, también disminuirá la probabilidad de que el encarecimiento de la energía se traslade al conjunto de bienes y servicios. La evolución dependerá, no obstante, de que el tráfico marítimo pueda recuperar cierta normalidad y de que no se produzcan nuevos episodios militares.
El bloqueo mantiene acotada la oferta iraní
La menor preocupación por el suministro no significa que el mercado disponga de una oferta holgada. El bloqueo estadounidense de los puertos iraníes está frenando las exportaciones de petróleo, una de las principales fuentes de financiación del país. Cuanto más se prolongue, mayor será la presión económica sobre Teherán.
El calendario añade tensión a la negociación. El Consejo de Seguridad decidió el 16 de agosto que Irán conserva la posibilidad de atacar de nuevo a tropas estadounidenses si el bloqueo no se levanta en un plazo de 45 días. Ese periodo vence alrededor del 30 de septiembre, dentro de ocho días. Si Washington actuase de inmediato, la reapertura anunciada por Irán podría producirse hacia el 29 de septiembre, apenas un día antes de que expire el plazo.
El conflicto comenzó a finales de febrero con ataques estadounidenses e israelíes. Un memorando de entendimiento firmado en junio quedó posteriormente paralizado, antes de que Estados Unidos restableciera el bloqueo e Irán cerrase el estrecho. Desde entonces, el tráfico marítimo permanece muy por debajo de los niveles anteriores a la guerra. Las conversaciones previstas en Nueva York deberán determinar si los mediadores consiguen convertir la oferta iraní en un acuerdo operativo.










