La renta del bono estadounidense a 10 años superó esta semana el 5,2%, su nivel más alto desde 2007, mientras que el rendimiento del bono a 30 años se acercó al 5,5%. Sin embargo, el mercado empieza a prestar atención a una posible pérdida de fuerza del factor que ha impulsado la última subida: las expectativas de una política monetaria todavía más restrictiva por parte de la Reserva Federal.
El cambio no implica que los tipos estén bajando. La hipótesis que empieza a ganar peso es menos ambiciosa: que las rentabilidades dejen de subir. Esa estabilización podría aliviar parte de la presión que han soportado la bolsa, Bitcoin (BTC) y el oro durante las últimas semanas.
Dos fases en la subida de las rentabilidades
La evolución de los tipos a largo plazo durante este año puede dividirse, a grandes rasgos, en dos etapas. En la primera, el principal argumento fue la fortaleza de la economía estadounidense. El crecimiento nominal —la suma del crecimiento económico y la inflación— se situó recientemente en torno al 6,6%, mientras el mercado consideraba que la Reserva Federal mantenía una posición relativamente prudente.
En ese contexto, los inversores exigieron una rentabilidad mayor para prestar dinero a diez o treinta años. El aumento de los rendimientos reflejaba, sobre todo, unas expectativas más elevadas de crecimiento económico y de inflación.
Después, el relato cambió. La Reserva Federal endureció su mensaje y el mercado comenzó a descontar más subidas de los tipos oficiales. La reacción fue más intensa en los vencimientos cortos, una señal de que la política monetaria pasó a ser el principal foco de atención.
El mercado ya descuenta buena parte del endurecimiento
A comienzos de septiembre, la rentabilidad del bono estadounidense a dos años rondaba el 4,39%. Ahora se sitúa cerca del 4,89%, un incremento aproximado de 50 puntos básicos. En el mismo periodo, el rendimiento del bono a 30 años pasó de alrededor del 5,27% al 5,49%, unos 22 puntos básicos.
La diferencia entre ambos movimientos resulta significativa. Los tipos a corto plazo han subido más del doble que los de largo plazo, lo que apunta a que las expectativas sobre nuevas decisiones restrictivas de la Reserva Federal han sido el motor principal del último repunte de las rentabilidades.
Varios responsables del banco central han insistido en los últimos días en que podrían ser necesarias nuevas subidas para contener la inflación. Aun así, para las dos reuniones de tipos que quedan en 2026 el mercado ya habría incorporado buena parte de ese escenario. Las próximas citas están previstas para finales de octubre y comienzos de diciembre.
Si las subidas que podrían producirse este año ya están reflejadas en los precios, será más difícil que la rentabilidad a dos años avance al mismo ritmo. Y ese vencimiento corto fue precisamente el que lideró la segunda fase del repunte.
Un posible alivio para los activos de riesgo
La estabilización de los bonos podría ser relevante para los mercados incluso sin una caída pronunciada de las rentabilidades. Las acciones, Bitcoin y el oro se han visto presionados en varias ocasiones cuando los rendimientos seguían avanzando. Si ese movimiento pierde intensidad, desaparecería al menos uno de los principales vientos en contra.
El impacto sería especialmente relevante para los valores de crecimiento y las compañías tecnológicas, más sensibles a la evolución de los tipos. El planteamiento, por tanto, no exige que la Reserva Federal empiece a recortar ni que los bonos entren en una fase bajista. Basta con que las expectativas monetarias dejen de endurecerse.
La clave estará en comprobar si el mercado considera que la política de la Reserva Federal ya se aproxima a su nivel máximo de restricción. Por ahora, esa posibilidad empieza a reflejarse en la relación entre los tipos cortos y los largos, aunque las rentabilidades siguen en niveles elevados.











