La depreciación del euro frente al dólar está dando un impulso inesperado a las bolsas europeas justo cuando comienza una intensa temporada de resultados. Las grandes compañías de la región con una elevada exposición a Estados Unidos pueden convertir sus ingresos en dólares a más euros, un efecto que podría traducirse en mayores beneficios y facilitar que algunas superen las previsiones del mercado.
El euro ha perdido más de un 5% frente al dólar en lo que va de año, aproximadamente dos puntos porcentuales de esa caída durante el último mes. Para las empresas europeas con una amplia base de clientes estadounidenses, el impacto es directo: al transformar sus ventas en dólares a la moneda europea, el importe contabilizado en euros aumenta, siempre que el resto de variables permanezca estable.
Las exportadoras toman ventaja antes de los resultados
El movimiento ya empieza a reflejarse en las cotizaciones. Una cesta de compañías elaborada por UBS y formada por empresas con una elevada facturación en Estados Unidos —entre ellas Novo Nordisk, Diageo, GSK y Rentokil— acumula una subida cercana al 8% este mes. El avance encamina al grupo hacia su mejor comportamiento mensual desde julio de 2022.
El momento es especialmente relevante porque en las próximas dos semanas presentarán sus cuentas compañías que representan, en conjunto, cerca del 40% de la capitalización del Stoxx Europe 600. Las cotizadas europeas generan aproximadamente la mitad de sus ingresos fuera de Europa, de modo que la evolución de las divisas puede tener un peso significativo en sus resultados.
Según HSBC, una depreciación del 5% de las divisas europeas puede elevar en 3,1 puntos porcentuales el crecimiento de los beneficios de la región. Michael Field, analista de Morningstar, considera que el mercado todavía no ha incorporado completamente este efecto. A su juicio, algunas empresas que hasta ahora parecían encaminadas a cumplir las expectativas podrían acabar superándolas.
Field identifica oportunidades en Unilever y Nestlé, aunque ambas compañías también afrontan costes elevados y una demanda débil por parte de los consumidores. El sector sanitario cuenta con una exposición particularmente relevante al mercado estadounidense: las farmacéuticas europeas obtienen, de media, alrededor del 40% de su facturación en Estados Unidos. Los analistas de Oddo BHF calculan que el tipo de cambio podría impulsar entre un 2,5% y un 3,5% el beneficio por acción de Novo Nordisk, y entre un 2% y un 3% el de Sanofi.
El efecto cambiario no beneficia a todas las compañías
La relación entre la debilidad del euro y las bolsas europeas, sin embargo, no es uniforme. Adidas y Puma, por ejemplo, compran buena parte de sus productos en Asia y pagan esas adquisiciones en dólares. En su caso, un dólar más fuerte puede elevar los costes y reducir parte de la ventaja que obtienen otras empresas exportadoras.
Además, algunas compañías se protegen por adelantado frente a las fluctuaciones de las divisas mediante coberturas. Estas operaciones pueden retrasar la aparición del beneficio cambiario en las cuentas, por lo que la depreciación del euro no se traslada necesariamente de forma inmediata a los resultados.
Más presión sobre la moneda y riesgos para Europa
El euro podría continuar debilitándose. Elias Haddad, de Brown Brothers Harriman, prevé que se sitúe en torno a 1,10 dólares a finales de año, en parte por la fortaleza de la economía estadounidense. La preocupación por las finanzas públicas de Francia también puede añadir presión sobre la moneda.
Jitania Kandhari, de Morgan Stanley Investment Management, advierte de que una debilidad prolongada del euro podría hacer más vulnerables, sobre todo, a los mercados del sur de Europa. El encarecimiento de la financiación y de las importaciones podría contrarrestar parte del beneficio que reciben los exportadores. Aun así, no anticipa una nueva crisis del euro y señala que el Banco Central Europeo dispone actualmente de mejores herramientas para contener eventuales problemas financieros entre los países de la eurozona.
Dan Hanbury, de Ninety One, resume una de las claves del actual escenario: los inversores deben distinguir entre la economía europea y las acciones europeas. Muchas de las grandes cotizadas operan a escala mundial y, por tanto, dependen menos del crecimiento de sus países de origen que de la evolución de sus ventas y costes en los distintos mercados en los que están presentes.










