La deuda pública francesa ofrece ya una rentabilidad superior a la griega, una señal del deterioro de la percepción de los inversores sobre las finanzas de Francia. El diferencial entre los bonos franceses y los alemanes se ha ampliado con fuerza, en un momento en el que París afronta un déficit elevado, una deuda pública creciente y una situación política incierta.
El aumento del coste de financiación no implica, por ahora, una nueva crisis del euro ni un riesgo inminente de impago. Esa es la valoración de Erik Schmahl, estratega de inversiones de Rabobank, citado por Bloomberg. A su juicio, las dificultades francesas tienen un origen principalmente interno y reflejan la trayectoria de sus cuentas públicas, más que un problema inmediato de solvencia.
Déficit elevado y dudas sobre los recortes
El déficit presupuestario de Francia podría alcanzar el 5,5% del producto interior bruto (PIB), mientras que la deuda pública ya supera el 110% del PIB. El Gobierno ha planteado un ajuste de 43.000 millones de euros, pero no está claro que exista una mayoría parlamentaria suficiente para aprobar los nuevos presupuestos.
El encarecimiento de la deuda forma parte de una tendencia internacional. Estados Unidos, Reino Unido y Japón también necesitan emitir grandes volúmenes de bonos para cubrir sus déficits, lo que lleva a los inversores a exigir mayores rentabilidades. Sin embargo, Schmahl considera que Francia destaca por sus propios desequilibrios presupuestarios y por la incertidumbre política que los acompaña.
La deuda francesa sigue siendo inferior a la italiana y el peso de los intereses sobre sus cuentas públicas es menor que en Italia o Estados Unidos. La diferencia, según el estratega, está en la dirección que ha tomado Francia. El mercado parece estar penalizando más el deterioro de su trayectoria que el nivel absoluto de deuda.
Grecia ha recuperado parte de la confianza del mercado
La comparación con Grecia resulta especialmente significativa. El país sufrió una crisis de deuda severa durante la crisis del euro, pero lleva años registrando superávits presupuestarios. Ese cambio ha contribuido a recuperar la confianza de los inversores.
Como consecuencia, los intereses de la deuda griega se sitúan actualmente en niveles similares a los de Italia e incluso por debajo de los franceses. Italia, además, presenta una prima de riesgo que está aumentando menos que la de Francia pese a tener una deuda pública mayor y afrontar un coste de intereses más elevado. La evolución italiana bajo el Gobierno de Giorgia Meloni también ha favorecido una mejora de su calificación crediticia, según el análisis citado.
Para Schmahl, estos movimientos confirman que el problema francés es sobre todo doméstico. El punto de inflexión se situaría en 2019, cuando Emmanuel Macron intentó reformar el sistema de pensiones sin lograr aplicar finalmente la reforma. Según el análisis, los franceses se jubilan de media a los 62 años y nueve meses, mientras que los ingresos de los pensionistas superan a los de la población ocupada.
La incertidumbre política seguirá condicionando al mercado
Las cuentas públicas recibieron después el impacto de la pandemia y de las medidas adoptadas para compensar a los hogares por la subida de los precios de la energía. Con las elecciones presidenciales acercándose, el mercado también sigue con atención el posible escenario político. Marine Le Pen encabeza las encuestas, aunque no está claro cómo sería una eventual segunda vuelta ni con qué Parlamento tendría que gobernar el próximo presidente.
Le Pen ha planteado una regla fiscal para impedir que la deuda siga aumentando y propone reducir el déficit por debajo del 3% del PIB como tarde en 2032. La medida tendría que aprobarse en referéndum. El análisis estima que alcanzar ese objetivo exigiría recortes de alrededor de 140.000 millones de euros, aunque todavía no se conocen las medidas concretas.
Schmahl considera improbable un impago de Francia, pero tampoco ve, por ahora, una oportunidad de compra atractiva en sus bonos soberanos. Su previsión es que la incertidumbre política pueda prolongarse hasta junio del próximo año.







