La economía mundial perderá impulso en 2026, según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), que sitúa el crecimiento global en el 2,6%, frente al 2,9% registrado el año pasado. El encarecimiento de la energía provocado por la guerra en Oriente Próximo, la fragmentación del comercio y la concentración de riesgos en torno a la inteligencia artificial complican el escenario para los próximos meses.
El petróleo vuelve a presionar a la economía global
El conflicto en Oriente Próximo ha elevado con fuerza el precio del crudo. En pocas semanas, el Brent pasó de cotizar en torno a los 70 dólares a superar los 110 dólares por barril. El impacto no se limita a las compañías petroleras o a las cuentas públicas: el petróleo encarece el transporte, la producción y el conjunto de la energía.
Las empresas pueden trasladar parte de ese incremento a los consumidores, mientras que los hogares con rentas más bajas afrontan una presión mayor porque destinan una proporción más elevada de sus ingresos a los gastos cotidianos. El golpe también es especialmente intenso en los países que dependen de las importaciones energéticas.
La situación llega además en un momento delicado para muchas economías. Los costes de financiación siguen siendo elevados y los flujos internacionales de capital se han vuelto más volátiles desde el inicio del conflicto, según la UNCTAD. Para los países más vulnerables, esto dificulta tanto atraer inversiones como refinanciar su deuda a un coste asumible.
Asia gana peso mientras se enfría el eje entre China y Estados Unidos
El comercio mundial continúa creciendo, pero lo hace sobre una base geográfica distinta. Los intercambios entre China y Estados Unidos han caído más de una quinta parte desde 2024, mientras que Asia oriental ha reforzado sus relaciones comerciales con China y Norteamérica.
La UNCTAD estima que Asia aportará este año casi el 60% del crecimiento económico mundial. India destaca con una expansión prevista superior al 7%, mientras que China e Indonesia mantienen también un ritmo de crecimiento relativamente elevado. El organismo interpreta esta evolución como un desplazamiento gradual del poder económico.
Ese cambio, sin embargo, no beneficia por igual a todos los países. La ONU advierte de que las economías más pobres tienen cada vez más dificultades para repetir la senda que permitió prosperar a países como China. Los gobiernos están reforzando la protección de sectores considerados estratégicos, entre ellos los semiconductores, la energía y las tecnologías avanzadas.
Las restricciones a las exportaciones, los controles sobre la inversión extranjera y las nuevas exigencias para las cadenas de producción elevan las barreras de entrada para nuevos actores. El resultado es un comercio internacional más condicionado por la competencia geopolítica.
La inteligencia artificial concentra oportunidades y riesgos
Los productos vinculados al desarrollo de la inteligencia artificial, incluidos los chips avanzados, se han convertido en uno de los principales motores del comercio internacional de bienes. Pero para la UNCTAD el aumento de los intercambios no garantiza una distribución amplia de la riqueza.
Una parte considerable del valor generado por esta industria se concentra en un grupo reducido de empresas. En uno de los casos analizados por el organismo, la mayor parte del valor añadido terminó en beneficios empresariales, mientras que los trabajadores recibieron solo una fracción pequeña.
La concentración también alcanza a los mercados financieros, cada vez más dependientes de un reducido grupo de grandes tecnológicas. La UNCTAD advierte de que una reversión repentina del entusiasmo por la inteligencia artificial podría tener efectos más allá del sector tecnológico. El Banco Mundial ya ha recortado su previsión de crecimiento por la guerra en Oriente Próximo, y el Fondo Monetario Internacional, aunque mantiene una visión algo más optimista, también señala los riesgos de la tensión geopolítica, la fragmentación comercial y posibles correcciones ligadas a la IA.
Como respuesta a futuras crisis energéticas, la UNCTAD considera prioritario aumentar la producción interna de energía. Desde 2024, las renovables han sido más baratas en más del 90% de los casos que la alternativa fósil de nueva construcción más económica. Para el organismo, generar más energía dentro de cada país reduce la dependencia del petróleo y el gas importados.











