Las compañías que acumulan Bitcoin para sus accionistas están descubriendo que conservarlo durante años exige algo más que convicción: también necesitan liquidez. El caso de Metaplanet lo resume con una operación costosa. La empresa japonesa vendió 10.000 BTC y posteriormente compró 11.000 a un precio medio aproximadamente un 9,3% superior, en un intento de demostrar a sus acreedores que está dispuesta a convertir parte de sus reservas en efectivo cuando sea necesario.
Metaplanet recibió 124.700 millones de yenes por la venta y destinó 149.900 millones a la compra posterior. Aplicando el precio medio de esa adquisición a los 10.000 bitcoins reemplazados, la diferencia ronda los 11.570 millones de yenes, antes de considerar costes de transacción y posibles efectos fiscales. La compañía no utilizó el dinero obtenido para amortizar deuda o bonos y terminó septiembre con 44.000 BTC.
La operación forma parte de su estrategia para obtener una calificación crediticia y mejorar el acceso a financiación. Los potenciales prestamistas no solo quieren saber cuántos bitcoins tiene una empresa, sino también si su dirección puede emplearlos para cumplir sus obligaciones, incluso cuando los accionistas prefieran que esas reservas no se toquen.
El Bitcoin no equivale automáticamente a efectivo
El conflicto nace de una diferencia básica entre accionistas y acreedores. Los primeros pueden estar dispuestos a esperar años a que suba el precio del activo. Los segundos tienen contratos con fechas concretas de pago. Una reserva de Bitcoin puede estar pignorada como garantía o la dirección puede considerar que vender al precio disponible resulta inconveniente. En ambos casos, el acreedor necesita visibilidad sobre la liquidez real de la compañía.
Las cuentas de Metaplanet correspondientes a junio reflejaban 67.490 millones de yenes en préstamos a corto plazo y otros 8.000 millones en bonos exigibles dentro de un año. Frente a esas obligaciones, la empresa declaraba 1.090 millones de yenes en efectivo y depósitos, además de 250 millones en USDC. Estas cifras no incluyen sus reservas de Bitcoin ni la financiación adicional a la que pudiera acceder, pero explican por qué el número de monedas no basta para evaluar su capacidad de pago.
Strategy afronta una tensión parecida. Sus pagarés incluyen derechos que permiten a los titulares solicitar la recompra en efectivo el 15 de septiembre de 2027, aunque técnicamente vencen en septiembre de 2028. El importe asociado a esos títulos es de 1.010 millones de dólares. Su documentación de junio también recogía cerca de 4.900 millones de dólares en pagarés con derechos similares durante 2028. Las cantidades podrían reducirse mediante conversiones, recompras o nueva financiación, y los titulares deben ejercer sus derechos para activar esas obligaciones.
Las reservas en dólares compran margen de maniobra
Strategy cuenta con un colchón de efectivo mayor. Una comunicación del 5 de octubre situó en 4.880 millones de dólares su reserva dedicada y en otros 833,4 millones el efectivo separado denominado en dólares. En conjunto, sumaban aproximadamente 5.710 millones de dólares al 4 de octubre, aunque no todo ese dinero está disponible para cualquier uso: la reserva dedicada respalda dividendos de acciones preferentes e intereses de deuda, y requiere autorización del consejo para otros fines.
Entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre, Strategy utilizó 142,5 millones de dólares de esa reserva para dividendos e intereses, destinó 154,1 millones a recomprar acciones preferentes y gastó 13 millones en comprar Bitcoin. Aun así, mantenía 848.000 BTC, adquiridos por unos 63.970 millones de dólares. El efectivo le permite afrontar pagos sin verse obligada a vender monedas durante una caída del mercado, aunque también reduce el capital disponible para seguir acumulando.
La financiación mediante acciones plantea otro límite. Cuando las acciones cotizan por encima del valor neto de los activos, una ampliación puede aportar fondos y aumentar la exposición al Bitcoin por acción. Si esa prima desaparece, la empresa debe ceder una mayor participación para captar el mismo dinero. Metaplanet señaló en sus resultados de junio que su relación entre valor de mercado y valor neto de los activos estuvo por debajo de 1 durante buena parte del periodo, lo que restringió las emisiones ordinarias discrecionales por debajo de ese umbral.
Por eso, la acumulación corporativa no es necesariamente irreversible. Una compañía puede seguir confiando en Bitcoin y, al mismo tiempo, ralentizar compras, acumular efectivo o vender una parte de sus reservas. Metaplanet busca además ingresos mediante inversiones estratégicas, incluidos valores preferentes de otras empresas de tesorería de Bitcoin. Esa vía podría generar efectivo recurrente, pero también concentrar el riesgo: una caída del activo principal podría coincidir con el deterioro de los instrumentos emitidos por compañías expuestas al mismo mercado. Ninguna de las dos empresas ha comunicado una liquidación inminente. El problema más inmediato es menos llamativo, pero decisivo: para mantener Bitcoin en un balance corporativo hace falta financiar todo lo que lo rodea.











