Más del 84% de las empresas que integran el S&P 500 cotiza al menos un 10% por debajo de sus máximos históricos, pese a que el índice se encuentra apenas un 2% por debajo del récord alcanzado en agosto. La aparente resistencia de Wall Street oculta así un mercado mucho más débil para la mayoría de las compañías.
El dato procede de un análisis difundido la semana pasada por el boletín de inversión The Kobeissi Letter en X. Según sus cálculos, el 59% de los valores del índice acumula descensos superiores al 20%, nivel que suele utilizarse para definir la entrada en un mercado bajista.
Un puñado de grandes compañías sostiene al índice
La explicación está en la propia composición del S&P 500. El peso de cada empresa depende de su capitalización bursátil, de modo que las mayores tecnológicas tienen una influencia muy superior a la de las compañías pequeñas. El comportamiento del índice, por tanto, no refleja la evolución media de sus 500 integrantes.
Desde el mínimo del 30 de marzo, el S&P 500 ha avanzado cerca de un 23%. Sin embargo, diez empresas, con Nvidia (NVDA) a la cabeza, concentran 16 puntos porcentuales de esa subida. En otras palabras, apenas el 2% de las compañías explica el 70% del avance registrado por el índice.
La concentración también amplifica las caídas cuando los inversores abandonan los valores vinculados a la inteligencia artificial. La semana pasada, el S&P 500 perdió casi un 2%, mientras que el Nasdaq retrocedió un 4,5%. Un índice sectorial de semiconductores se dejó más de un 11%, en su peor semana desde abril de 2025.
El movimiento fue desigual entre sectores. Los fabricantes de productos de consumo básico subieron alrededor de un 5%, aunque su menor peso dentro del índice no bastó para compensar las pérdidas de las tecnológicas y los fabricantes de chips.
La financiación de la inteligencia artificial empieza a preocupar
El encarecimiento del petróleo, que se mantiene por encima de los 100 dólares por barril por la guerra con Irán, ha situado la inflación estadounidense cerca del 4%. La Reserva Federal elevó los tipos en septiembre por primera vez desde 2023, mientras que la rentabilidad de la deuda pública a largo plazo alcanzó máximos de varias décadas.
Los tipos altos afectan especialmente a las inmobiliarias y a las empresas de servicios públicos, muy dependientes de la financiación ajena. Casi todas cotizan al menos un 10% por debajo de sus máximos históricos. Hasta ahora, el crecimiento de los beneficios de las grandes compañías de IA había compensado parte de esa presión, pero las dudas comienzan a extenderse al sector.
Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Oracle destinan actualmente casi todos sus ingresos a la construcción de centros de datos para IA y recurren a la deuda para cubrir sus necesidades de financiación. En lo que va de año, estas compañías han pedido prestado más del doble que durante todo 2025.
La tensión es todavía más visible entre las empresas que alquilan capacidad de cómputo. Los bonos de CoreWeave, que acumula unos 50.000 millones de dólares de deuda, cayeron la semana pasada por debajo de los 80 centavos por cada dólar de valor nominal. Su rentabilidad se acercó al 16%, un nivel asociado a compañías con dificultades financieras. El coste de los seguros frente al impago alcanzó máximos históricos en CoreWeave y Oracle, y también aumentó en SoftBank, uno de los grandes inversores en OpenAI.
El posible catalizador estaría fuera de la IA
Un informe de Gartner ha añadido presión al debate. La consultora prevé que, hasta 2030, los ingresos por servicios de IA no alcancen ni la mitad de lo que las empresas de centros de datos necesitan para recuperar sus inversiones. Los grandes grupos tecnológicos podrían cubrir esa brecha con otras fuentes de ingresos, pero Gartner estima que más del 80% de las compañías pequeñas que alquilan capacidad de cómputo dejará de operar de forma independiente antes de ese año.
El temor a la IA provocó, al mismo tiempo, una búsqueda de refugio en la deuda pública estadounidense. La rentabilidad del bono a diez años registró su mayor caída semanal en más de un año, pese a que la inflación superó las previsiones. Para Ed Yardeni, de Yardeni Research, el mercado de bonos está reaccionando al peso de la IA como motor del crecimiento: una financiación más cara reduce la inversión del sector y, con el tiempo, puede moderar tanto el crecimiento como la presión sobre los precios.
The Kobeissi Letter interpreta la situación como una fase bajista dentro de un mercado alcista y considera que el fin de la guerra con Irán podría desencadenar una recuperación más amplia. Según esa hipótesis, una energía más barata aliviaría la inflación y permitiría a la Fed dejar de subir los tipos, favoreciendo a los valores que se han quedado rezagados. El boletín calcula que, sin el conflicto, el índice podría haber superado los 9.000 puntos, más de un 17% por encima de su nivel actual.










