Omán intenta reunir el próximo lunes en Salalah a Irán y a los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) para abordar el futuro del estrecho de Ormuz, cerrado en gran medida desde hace más de seis meses. La reunión todavía no está confirmada y tampoco está claro que participen todos los Estados del bloque, pero el eventual encuentro sería el primero de este tipo desde el inicio de la guerra.
La iniciativa llega mientras el conflicto sigue sin una salida visible. Ni Irán ni Estados Unidos parecen dispuestos por ahora a realizar concesiones relevantes y ambas partes se preparan, según la información disponible, para una confrontación que podría prolongarse durante meses o incluso más tiempo. En ese escenario, el intento de Mascate por abrir una vía de diálogo adquiere una importancia especial para la seguridad marítima y el suministro energético.
Omán busca sentar a Irán con el Consejo del Golfo
El plan omaní pasa por celebrar una reunión conjunta entre Irán y el CCG en la ciudad de Salalah. El organismo está formado por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Bahréin y el propio Omán. Todavía se desconoce si los seis gobiernos estarán representados y si el encuentro llegará finalmente a celebrarse.
Las tensiones en Yemen pueden dificultar además la convocatoria. Los hutíes, respaldados por Irán, mantienen combates cada vez más intensos con fuerzas apoyadas por Arabia Saudí. Omán ha desempeñado durante años un papel de mediador en ese conflicto y, de acuerdo con la fuente, lleva varias semanas conversando con Teherán sobre un posible acuerdo para el tráfico marítimo a través de Ormuz.
El estrecho es un paso estratégico para el transporte internacional de petróleo, gas natural y otras materias primas. Su cierre de facto se produjo después de que Estados Unidos e Israel comenzaran a atacar Irán a finales de febrero. Washington reclama que los buques puedan volver a cruzarlo libremente y trata de presionar a Teherán mediante un bloqueo naval.
El desacuerdo sobre los pagos amenaza cualquier pacto
Irán, sin embargo, no parece dispuesto a renunciar al control del estrecho. El posible entendimiento que analiza con Omán podría incluir pagos por el paso de los buques, una opción a la que se oponen frontalmente tanto Estados Unidos como los países del Golfo. Esa discrepancia deja en el aire la viabilidad de un acuerdo temporal, incluso aunque las partes consigan sentarse a negociar.
Durante los dos últimos meses ha aumentado de nuevo el tránsito marítimo por Ormuz, aunque en condiciones de elevada tensión. Muchos buques cruzan de noche, con los transpondedores apagados y bajo protección del Ejército estadounidense. La fuente señala que, pese a esas medidas, las embarcaciones continúan sufriendo ataques frecuentes con misiles y drones iraníes.
La posibilidad de una negociación no implica, por tanto, que se haya alcanzado un compromiso sobre la navegación. El encuentro propuesto serviría, en el mejor de los casos, para explorar una fórmula que permita reducir los riesgos en una ruta cuya interrupción ya está afectando al comercio energético mundial.
El petróleo sigue reflejando la incertidumbre
La tensión en Ormuz mantiene elevado el precio del crudo. El Brent subió con fuerza durante la semana, aunque el viernes cayó más de un 3%, hasta situarse en torno a los 104 dólares por barril, después de que la Agencia Internacional de la Energía advirtiera de un deterioro de la demanda de petróleo.
Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos pueden transportar una parte importante de su producción mediante oleoductos que evitan el estrecho. Aun así, el cierre también golpea sus economías. El impacto no se limita al comercio de petróleo: inversores y turistas se han vuelto más cautelosos, según la información de referencia.
Mientras no haya una salida diplomática ni garantías para la navegación, Ormuz seguirá siendo uno de los principales focos de riesgo para los mercados energéticos y para el comercio internacional.










