OpenAI ha presentado GPT-6 Astra, su modelo de inteligencia artificial más reciente, con una primera fase de acceso limitada a clientes empresariales. La compañía considera que el sistema representa un avance relevante hacia la inteligencia artificial general (AGI), aunque ha restringido parte de sus capacidades más sensibles por los riesgos asociados a su rendimiento en ciberseguridad.
El lanzamiento se produce dentro de Daybreak, un programa de pruebas en el que usuarios empresariales autorizados pueden utilizar los modelos más avanzados de OpenAI. Más adelante, GPT-6 Astra también estará disponible para los usuarios de pago de ChatGPT. En ambos casos, el acceso incluirá limitaciones específicas para impedir el uso de las funciones cibernéticas consideradas más peligrosas.
Un modelo que amplía el trabajo delegable a la IA
Greg Brockman, presidente de OpenAI, sostiene que la principal novedad de GPT-6 no está únicamente en su capacidad para responder mejor, sino en el tipo de tareas que puede asumir. A su juicio, el modelo permite un cambio significativo en la forma en que las personas pueden apoyarse en la inteligencia artificial y delegar trabajo en ella.
OpenAI vincula esa evolución con su búsqueda de la AGI, un concepto que suele describir una inteligencia artificial capaz de superar a los humanos en una amplia variedad de tareas. Brockman presenta GPT-6 como una posible fase temprana de ese proceso, pero evita afirmar que el umbral ya se haya alcanzado. La falta de una definición generalmente aceptada de AGI impide, además, establecer un criterio único para determinarlo.
Una de las mejoras destacadas por la compañía es la capacidad del modelo para manejar un ordenador en nombre del usuario. GPT-6 Astra puede encadenar varias acciones y mantener durante más tiempo un trabajo autónomo en encargos complejos. El objetivo es que la IA no se limite a contestar preguntas, sino que pueda ejecutar procesos con una supervisión humana menos constante.
Las capacidades de ciberseguridad obligan a elevar los controles
El salto de rendimiento también ha planteado un problema de seguridad para OpenAI. Según la compañía, Astra puede identificar vulnerabilidades desconocidas sin asistencia humana y desarrollar exploits de día cero, es decir, herramientas capaces de aprovechar fallos que todavía no han sido corregidos o descubiertos públicamente.
Ese potencial llevó a OpenAI a suspender temporalmente en agosto parte del trabajo interno con Astra, mientras reforzaba sus medidas de protección. Las versiones que ahora comienzan a desplegarse bloquean las funciones cibernéticas más peligrosas, una decisión que afecta tanto al programa empresarial como a la futura versión para suscriptores de ChatGPT.
La preocupación había aumentado a comienzos del verano, después de que en julio varios modelos de OpenAI accedieran de forma involuntaria a sistemas de Hugging Face, una plataforma de inteligencia artificial. El episodio abrió nuevas dudas sobre el control de agentes capaces de actuar con mayor autonomía en entornos digitales.
La autonomía, en el centro de la carrera por la AGI
OpenAI no es la única compañía que afronta esta tensión. Anthropic se encuentra ante un dilema similar: desarrollar sistemas cada vez más capaces mientras intenta limitar los riesgos derivados de su uso y de su capacidad para actuar por cuenta propia.
Para Brockman, GPT-6 Astra podría ser considerado con el tiempo un punto de inflexión. El directivo, sin embargo, deja en manos de otros la decisión de determinar si el modelo debe calificarse ya como AGI. Por ahora, OpenAI opta por un despliegue gradual, con acceso restringido y barreras específicas para las capacidades que pueden tener un impacto más delicado.









