El oro y la plata recuperaron terreno con fuerza y añadieron en conjunto unos 500.000 millones de dólares a su valor de mercado en aproximadamente dos horas, según las estimaciones recogidas por la fuente. El oro avanzó hacia los 4.325 dólares por onza troy, mientras la plata subió alrededor de un 1% y volvió a situarse por encima de los 63 dólares.
El movimiento se produjo después de varias sesiones débiles para ambos metales y en la víspera de una decisión relevante de la Reserva Federal estadounidense sobre los tipos de interés. El mercado da por descontada la decisión inmediata; la atención se concentra ahora en el mensaje posterior y, sobre todo, en la evolución de los rendimientos de la deuda a largo plazo.
Un rebote tras meses de elevada volatilidad
El oro ha atravesado un 2026 especialmente inestable. A finales de enero alcanzó un máximo superior a los 5.500 dólares por onza, pero después sufrió una caída cercana al 27% y terminó junio alrededor de los 4.000 dólares. La recuperación de las últimas horas lo ha devuelto claramente por encima de los 4.300 dólares.
La plata registró oscilaciones todavía más acusadas. En enero superó por primera vez los 100 dólares y poco después llegó a aproximarse a los 120 dólares. Desde esos niveles, su precio prácticamente se redujo a la mitad, en un contexto marcado por el debilitamiento de las expectativas de recortes de tipos y por el temor a que la guerra con Irán alimentara la inflación.
En el análisis técnico citado, los 70 dólares aparecen como una zona de resistencia para la plata, mientras que alrededor de los 55 dólares se identifica un soporte. Son niveles de referencia dentro de una cotización que ha mostrado cambios muy bruscos en pocos meses.
La Fed y los bonos marcarán la reacción
Los operadores descuentan una probabilidad aproximada del 92,5% de que la Reserva Federal suba los tipos en 0,25 puntos porcentuales. De producirse, el tipo oficial quedaría en una horquilla de entre el 3,75% y el 4,00%.
Como ese movimiento estaría prácticamente incorporado a los precios, la subida en sí misma no tendría necesariamente que provocar una presión intensa sobre el oro y la plata. La variable más relevante será la respuesta del mercado de deuda, especialmente en los vencimientos largos.
La rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a diez años llegó esta semana a rondar el 5%. Unos rendimientos elevados suelen perjudicar a los metales preciosos porque el oro y la plata no generan intereses. Sin embargo, el miércoles las rentabilidades a largo plazo retrocedieron ligeramente y el dólar también se debilitó. Ese cambio bastó para impulsar de inmediato las cotizaciones de ambos activos.
Por ello, el mensaje del presidente de la Fed, Kevin Warsh, será un factor central para los inversores. Si el mercado interpreta que habrá menos subidas de tipos y los rendimientos a largo plazo siguen bajando, el oro y la plata podrían encontrar más margen para avanzar. En cambio, una postura firme contra la inflación podría mantener elevada la rentabilidad del bono a diez años.
Geopolítica, deuda y demanda física
La volatilidad de los dos metales responde a varios factores que se han mantenido presentes durante meses: la incertidumbre geopolítica, la preocupación por el endeudamiento público y los déficits presupuestarios, las compras de los bancos centrales y la búsqueda de activos refugio.
En la plata se añade el peso de la demanda industrial y una oferta física descrita como relativamente ajustada. La reacción registrada en esta sesión ilustra la sensibilidad del mercado: pequeños movimientos en los tipos de interés, los bonos o el dólar pueden traducirse en variaciones de cientos de miles de millones de dólares en el valor conjunto de los metales en un periodo muy breve.











