Peter Schiff ha reavivado el debate sobre qué respalda realmente a Bitcoin (BTC). El defensor del oro sostiene que el consumo energético de los mineros no puede considerarse un respaldo para la criptomoneda, porque la electricidad utilizada desaparece una vez consumida y no deja un activo sobre el que los titulares puedan reclamar derechos.
Schiff respondió así a Jeff Swanson, defensor de Bitcoin, que había presentado la criptomoneda como el futuro del dinero. Swanson citó entre sus argumentos el gasto energético de la red, su calendario fijo de emisión y la potencia de cálculo empleada para protegerla.
La energía, un coste y no un activo subyacente
La crítica de Schiff se concentra en la diferencia entre utilizar energía para mantener una red y conservar un bien con valor propio después de ese proceso. Los mineros consumen electricidad para procesar transacciones y contribuir a la seguridad de Bitcoin. Sin embargo, el economista considera que ese gasto no constituye una garantía económica.
“La energía gastada no es un respaldo. La energía desaparece, el dinero gastado desaparece, así que no queda nada que respalde Bitcoin”, escribió Schiff en una publicación fechada el 5 de septiembre de 2026.
Su comparación habitual es el oro. La extracción de este metal también requiere energía y recursos, pero el resultado permanece: el oro puede almacenarse físicamente y seguir siendo un activo tangible una vez terminado el proceso de producción. En el caso de Bitcoin, según el planteamiento de Schiff, el gasto energético no genera un objeto físico equivalente.
La escasez digital frente al respaldo físico
Los defensores de Bitcoin interpretan el papel de la energía de otra manera. No la consideran una reserva que respalde cada moneda, sino el coste necesario para operar y proteger una red descentralizada. Desde esa perspectiva, el valor de BTC se relaciona con su escasez, su utilidad y la confianza de sus usuarios.
El protocolo establece un límite máximo de 21 millones de bitcoins y fija de antemano el calendario de emisión de nuevas unidades. Esa regla impide, en el diseño de la red, que una autoridad pueda aumentar la oferta a su criterio, como sí puede ocurrir con monedas emitidas por bancos centrales.
Para esta corriente de pensamiento, la escasez programada es uno de los principales elementos que diferencian a Bitcoin de las monedas tradicionales. La energía no funcionaría como un respaldo físico, sino como parte de los mecanismos que hacen más costoso alterar el historial de transacciones y participar en la seguridad de la red.
Dos modelos monetarios enfrentados
Swanson vinculó esa escasez con la evolución de la deuda pública estadounidense. La cifra de 39 billones de dólares que mencionó inicialmente quedó desactualizada: la deuda pública total de Estados Unidos superó los 40 billones el 18 de agosto, según la información recogida en el debate.
El intercambio contrapone dos concepciones del dinero. El dólar cuenta con el respaldo del Gobierno y de la economía de Estados Unidos, aunque su oferta puede aumentar. Bitcoin no tiene un Estado emisor ni activos físicos que actúen como garantía, pero incorpora un límite estricto de emisión.
Ahí reside el desacuerdo de fondo. Schiff busca el valor en un activo tangible como el oro, mientras que los defensores de Bitcoin lo sitúan en la escasez digital, la utilidad de la red y unas reglas monetarias fijadas de antemano. El debate, lejos de cerrarse, vuelve a girar alrededor de la misma pregunta: si el valor de una moneda depende necesariamente de un respaldo físico.











