Donald Trump ha acordado con Vladímir Putin que Rusia suministre inicialmente unos 13,5 millones de barriles de diésel a Estados Unidos y otros mercados, mientras Washington autoriza una suspensión temporal de las sanciones que afectan a los combustibles rusos. El objetivo declarado por el presidente estadounidense es contener el fuerte encarecimiento del diésel antes de las elecciones legislativas de noviembre.
El acuerdo ha provocado una reacción inmediata de Ucrania. Volodímir Zelenski sostiene que la operación proporcionará ingresos adicionales a Moscú mientras continúa la guerra y advirtió de que hacer concesiones a Putin no conducirá a la paz.
Entregas escalonadas y una posible ampliación
El calendario anunciado contempla el envío de 2,25 millones de barriles en octubre, 3,75 millones en noviembre y 7,5 millones en diciembre. Para facilitar estas operaciones, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha concedido una exención temporal a las sanciones sobre los productos petrolíferos rusos.
El Kremlin confirmó el pacto. Putin afirmó que Rusia está dispuesta a suministrar petróleo y derivados tanto a Estados Unidos como a otros países. Trump, por su parte, agradeció públicamente al mandatario ruso el envío de grandes volúmenes de combustible y remarcó que se trata precisamente de diésel, el producto que, según su planteamiento, necesita la economía estadounidense.
El presidente estadounidense también mencionó la posibilidad de añadir tres millones de toneladas de diésel, equivalentes a unos 22,5 millones de barriles. La fuente señala, sin embargo, que todavía no está claro si las refinerías rusas tendrán capacidad para cumplir con ese volumen adicional.
El mercado estadounidense sigue bajo presión
El acuerdo llega con el diésel estadounidense en niveles excepcionalmente elevados. El precio medio en las gasolineras rondaba el jueves los 6,28 dólares por galón, después de haber superado los 6,50 dólares en septiembre, un máximo histórico según la información disponible.
La presión afecta especialmente a las empresas de transporte, los agricultores, los ganaderos y otros negocios con un consumo intensivo de combustible. El encarecimiento del diésel también puede trasladarse al precio final de los bienes y añadir tensión a la inflación.
Tras conocerse el pacto, los contratos de diésel en Estados Unidos llegaron a bajar hasta aproximadamente 4,66 dólares por galón. Aun así, continuaron en niveles históricamente altos para esta época del año.
Rusia había prohibido las exportaciones de diésel en julio, después de que varios ataques ucranianos con drones dañaran refinerías del país. La agencia rusa Tass informó posteriormente de que Moscú había comenzado a levantar las restricciones antes de lo previsto.
Dudas sobre el alcance del acuerdo y críticas políticas
Los analistas consultados mantienen una posición cautelosa. Ryan McKay, estratega de materias primas de TD Securities, considera que las refinerías rusas podrían no producir suficiente combustible para atender todos los compromisos. Rebecca Babin, de CIBC Private Wealth Group, apunta que los barriles adicionales pueden ofrecer cierto alivio, aunque existe el riesgo de que lleguen demasiado tarde o en una cantidad insuficiente para cambiar de forma sustancial el equilibrio del mercado.
Ucrania también ha informado de nuevos ataques contra instalaciones petroleras rusas, un factor que añade incertidumbre sobre la capacidad de Moscú para mantener el calendario de entregas. La primera partida, de 2,25 millones de barriles, sería además relativamente pequeña frente a los volúmenes que Rusia exportaba mensualmente antes de la intensificación de los ataques.
Zelenski criticó el acuerdo en la red social X y sostuvo que permitir la venta de derivados rusos equivale a aportar fondos a una guerra que debe terminar. Chuck Schumer, líder demócrata en el Senado estadounidense, acusó a Trump de pactar con Putin para reducir el coste político de los precios elevados del diésel.
Estados Unidos no importaba diésel ruso desde marzo de 2022, cuando las sanciones y las restricciones comerciales limitaron las relaciones energéticas entre ambos países. El nuevo entendimiento representa un cambio de rumbo, pero su impacto final dependerá de que los suministros lleguen a materializarse y de la evolución de la capacidad de refino rusa y del tráfico energético internacional.










