Donald Trump sopesa declarar terminada la guerra con Irán mientras el Ejército estadounidense prepara una presencia militar en Oriente Próximo que podría prolongarse hasta bien entrado 2027. La Casa Blanca estudia el cierre formal del conflicto por razones principalmente políticas, pero Washington mantiene intactos sus dispositivos militares y ha intensificado la presión económica sobre Teherán.
Despliegues más largos de lo previsto
La operación estadounidense comenzó con la promesa de una campaña breve y decisiva. El propio Trump calculaba que bastarían cuatro semanas. Sin embargo, seis meses después, alrededor de 50.000 militares siguen desplegados en la región, según la información recogida por The Wall Street Journal.
Su misión incluye interceptar misiles iraníes, escoltar buques mercantes en el estrecho de Ormuz y mantener el bloqueo de puertos iraníes. En la zona permanecen 19 buques de guerra, entre ellos dos portaaviones, además de sistemas de defensa antiaérea y unidades aerotransportadas.
El calendario de rotaciones también se ha ampliado. El despliegue habitual de las unidades antiaéreas ha pasado de nueve a doce meses, un aumento de un tercio. Partes de la 82.ª División Aerotransportada podrían permanecer en la región hasta 2027, de acuerdo con una carta enviada a las familias de los militares.
Bryan Clark, antiguo alto cargo de la Marina y actualmente vinculado al Hudson Institute, interpreta estos movimientos como una preparación deliberada para sostener la operación durante un periodo prolongado. “Lo están configurando para que pueda sostenerse durante mucho tiempo, es decir, hasta bien entrado el próximo año”, afirma.
Una salida política sin retirar la presión
Trump debate con sus asesores más próximos si puede anunciar el final de la guerra, según funcionarios estadounidenses citados en la información. La posibilidad resulta atractiva para el presidente, mientras que sus asesores temen que una nueva escalada perjudique a los republicanos en las elecciones de noviembre. Trump sostiene que los comicios no intervienen en sus decisiones.
Declarar concluido el conflicto no implicaría, sin embargo, el fin de la presión sobre Irán. La semana pasada, Estados Unidos lanzó una nueva ronda de sanciones bajo el nombre de Operación Paria Económico, presentada por el Gobierno como un “Día D económico”. El objetivo es forzar a Teherán a reabrir el estrecho de Ormuz y regresar a la mesa de negociación.
La portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, describió la iniciativa como el mayor ataque financiero emprendido por Estados Unidos contra un adversario. Washington pretende cortar las vías económicas que todavía sostienen al régimen y utilizar esa presión como palanca para alcanzar un acuerdo sobre el programa nuclear iraní.
El estrecho de Ormuz sigue en el centro
El bloqueo de los puertos iraníes continúa en vigor y sus efectos ya son visibles en la economía del país. La inflación ha superado el 80% y Teherán ha pasado, según la fuente, a una economía de supervivencia.
Las autoridades iraníes califican las medidas estadounidenses de “terrorismo económico” y condicionan la reapertura del estrecho de Ormuz al levantamiento de la presión. También rechazan volver a negociar mientras se mantenga la campaña de sanciones.
En paralelo, ambos países han vuelto a intercambiar ataques desde el domingo. Trump aseguró ayer que las Fuerzas Armadas estadounidenses están preparadas para golpear de nuevo cuando lo considere necesario: “Vemos todo lo que hacen”, afirmó. “No pueden ir al baño sin que lo sepamos”.











