Una jubilada británica identificada como Elkie ha perdido casi 690.000 libras tras encadenar varias estafas relacionadas con Bitcoin y una supuesta plataforma de inversión basada en inteligencia artificial. Los delincuentes aprovecharon una primera pérdida sufrida en 2020 para ofrecerle ayuda y convencerla después de realizar nuevos pagos.
Una inversión fallida en Bitcoin abrió la puerta al fraude
Elkie había invertido 80.000 libras en Bitcoin a través de Bright Finance, una empresa que ya ha dejado de operar. La inversión salió mal y la mujer perdió el dinero. Un amigo suyo, Graham, había aportado la misma cantidad y también resultó afectado.
Tiempo después, varias personas contactaron con Elkie y afirmaron que podían recuperar sus fondos. Para ganarse su confianza, se presentaron como integrantes de un servicio de apoyo de la policía. Le dijeron que habían localizado el dinero perdido en criptomonedas y que sus activos iniciales habían llegado a valer entre 300.000 y 400.000 libras.
Los supuestos intermediarios aseguraron además que un tribunal suizo había autorizado la devolución. Antes, sin embargo, debía abonar 5.000 libras en gastos de transacción. Elkie hizo ese primer pago, pero los bitcoins nunca llegaron. En su lugar aparecieron nuevas exigencias: impuestos, controles de prevención del blanqueo de capitales y costes de asistencia jurídica, entre otros conceptos.
Cada transferencia era presentada como el último requisito antes de liberar el dinero. La suma entregada a quienes prometían recuperar la inversión terminó ascendiendo a unas 320.000 libras.
Una segunda estafa con una plataforma de inteligencia artificial
La víctima cayó después en otra trama a través de Webtrader Pro, una plataforma que aseguraba realizar operaciones automáticas con inteligencia artificial. Durante unos siete meses mantuvo contacto casi diario con distintas personas vinculadas al servicio. El objetivo, según el relato del caso, era construir una apariencia de organización profesional y legítima.
Los interlocutores llegaron a enviarle copias de pasaportes y extractos bancarios. Posteriormente se comprobó que esos documentos eran falsos. Convencida de que el dinero se estaba invirtiendo, Elkie transfirió cantidades cada vez mayores hasta perder aproximadamente otras 370.000 libras.
Graham también perdió dinero a través de Webtrader Pro. No se pudo determinar si la plataforma llegó a ejecutar operaciones con los fondos de los afectados ni si existía realmente el sistema de inversión basado en inteligencia artificial que se les había prometido.
El fraude de recuperación de fondos
El caso encaja con una modalidad conocida como fraude de recuperación de fondos. Los delincuentes buscan a personas que ya han sufrido una estafa y les ofrecen recuperar el dinero a cambio de pagos anticipados. En ocasiones, los datos de las víctimas se comparten o se venden entre redes criminales, lo que permite a los siguientes estafadores conocer detalles de la pérdida original y construir un relato más convincente.
La referencia a la inteligencia artificial puede cumplir una función similar. Aunque esta tecnología puede utilizarse en distintos ámbitos financieros, su mención también puede servir para presentar una plataforma falsa como sofisticada y fiable, sin que exista un sistema real detrás.
En junio de 2024, Elkie acudió al despacho Wealth Recovery Solicitors. El asistente jurídico Luke Caldwell y su equipo rastrearon durante dos años los pagos realizados a través de tres cuentas bancarias. Según el despacho, lograron recuperar aproximadamente la mitad del importe perdido.
Caldwell explicó que los estafadores suelen volver a contactar con las mismas personas haciéndose pasar por policías, representantes de organismos supervisores o agencias de cobro. El servicio británico de denuncia de fraudes, Report Fraud, registró unas 27.000 víctimas de estafas de pago anticipado durante los primeros seis meses del periodo al que se refieren sus datos.
La sucesión de engaños sufrida por Elkie muestra cómo una primera pérdida puede convertirse en el punto de partida de un fraude mucho mayor: la preocupación por recuperar el dinero acaba siendo utilizada como mecanismo de presión para obtener nuevos pagos.











