Ucrania asegura haber atacado la refinería Norsi, una de las mayores instalaciones petroleras de Rusia, situada cerca de Nizhni Nóvgorod. El Ejército ucraniano afirma que el impacto provocó un incendio en el recinto, aunque todavía no se ha informado del alcance de los daños. Mientras tanto, varias regiones rusas han vuelto a racionar el combustible ante la caída del crudo procesado por las refinerías.
Un objetivo clave para el suministro de Moscú
La refinería Norsi puede procesar alrededor de 340.000 barriles de petróleo al día. Se encuentra a unos 440 kilómetros de Moscú y suministra combustibles a la capital rusa y a otras regiones próximas, donde la demanda es especialmente elevada.
Según el Estado Mayor ucraniano, el ataque desencadenó un incendio dentro de las instalaciones. Por ahora, no se han difundido datos sobre posibles daños estructurales ni sobre el tiempo que podría permanecer afectada la planta. Norsi pertenece a Lukoil, el mayor productor privado de petróleo de Rusia, que aún no se ha pronunciado sobre lo ocurrido.
El ataque encaja en la campaña que Kiev está desplegando contra la infraestructura energética rusa. Las refinerías se han convertido en objetivos habituales de estas operaciones, con el propósito de reducir la capacidad de Moscú para transformar el crudo y presionar sobre su mercado interno.
Rusia limita las exportaciones de combustible
El impacto acumulado de estos ataques empieza a reflejarse en la actividad del sector. Las refinerías rusas procesan actualmente una cantidad de crudo cercana a sus niveles más bajos de los últimos años. La menor producción de derivados ha llevado a reintroducir el racionamiento de combustible en distintas zonas del país.
Para proteger el abastecimiento doméstico, Moscú ha restringido en gran medida las exportaciones de gasolina, diésel y combustible de aviación. La prohibición vigente para las ventas exteriores de diésel expira a finales de agosto, aunque el Gobierno ruso estudia prolongarla.
La decisión enfrenta al Ejecutivo a un dilema económico. El sector energético es una de las principales fuentes de ingresos de Rusia, pero mantener suficiente combustible dentro del país resulta esencial para los hogares, las empresas y el Ejército. Reducir las exportaciones ayuda a contener la presión sobre el mercado interno, aunque limita al mismo tiempo una vía relevante de ingresos.
Una campaña para trasladar la presión a la economía
La estrategia ucraniana no se limita a las instalaciones petroleras. También se han producido ataques contra almacenes de grandes plataformas rusas de comercio electrónico, dentro de un intento de que los costes de la guerra sean más visibles para la población y la actividad económica del país.
Vladímir Putin reconoció la semana pasada que los ataques aéreos ucranianos están teniendo efectos económicos. El presidente ruso sostuvo, no obstante, que esas operaciones no han provocado un cambio en el curso de la guerra.
El episodio de Norsi llega así en un momento de tensión creciente para el sistema de suministro ruso. La falta de información sobre los daños impide determinar todavía cuánto puede afectar el ataque a la producción, pero la combinación de refinerías operando a niveles reducidos, restricciones a la exportación y racionamiento regional muestra la presión que soporta el mercado de combustibles.










