Las acciones del sector del software se han quedado rezagadas frente al conjunto del mercado en 2026, pese a que los resultados empresariales no muestran, por ahora, el deterioro que los inversores llegaron a anticipar por el avance de la inteligencia artificial generativa.
Saira Malik, directora de inversiones de Nuveen, sostiene que la evolución de los beneficios cuenta una historia distinta a la de las cotizaciones. El mercado temía que la IA redujera la necesidad de contratar software, frenara el crecimiento de los ingresos y presionara tanto el empleo como los márgenes de las compañías. Sin embargo, ese escenario todavía no se ha materializado en la magnitud esperada.
El temor a la IA pesa más que el deterioro de las cuentas
El argumento de Malik parte de una lectura relativamente estable de los fundamentales. El crecimiento de los ingresos no se ha desplomado, los márgenes han resistido y tampoco se ha producido la oleada de despidos masivos vinculada a la IA que algunos inversores habían descontado.
Aun así, el castigo bursátil se ha extendido por buena parte del sector. La reacción refleja, en opinión de la responsable de Nuveen, un sentimiento de mercado que ha tratado a muchas empresas de software como si afrontaran la misma amenaza. La inteligencia artificial se ha interpretado principalmente como un riesgo, aunque los datos disponibles no apunten de forma tan concluyente en esa dirección.
En este contexto, el ETF de software de BlackRock, identificado con el ticker IGV, empieza a ganar terreno. La evolución del fondo sirve como referencia del comportamiento conjunto de un segmento que continúa enfrentándose a unas expectativas especialmente exigentes.
Resultados que no bastan para convencer al mercado
Workday ilustra la distancia entre las cifras publicadas y la reacción de los inversores. La compañía superó esta semana las previsiones de ingresos y beneficios, pero sus acciones cayeron inicialmente. Más tarde, el valor se recuperó en la negociación posterior al cierre.
Autodesk vivió una situación parecida. La empresa elevó su previsión de ingresos para el conjunto del año, pero la cotización recibió una respuesta negativa. En este caso, los inversores centraron su atención en una previsión más baja de flujo de caja libre, relacionada con una adquisición reciente.
Estos movimientos reflejan un mercado que ya no se conforma con una cuenta de resultados sólida. Los inversores también examinan la capacidad de generar caja, la evolución de los márgenes y la visibilidad del crecimiento futuro. Una mejora en ingresos o beneficios puede quedar eclipsada si alguna de esas variables decepciona.
Marvell pone a prueba el alcance del ciclo de la IA
Malik también señaló a Marvell como una de las próximas referencias para medir hasta dónde llega el impulso asociado a la inteligencia artificial. Después de las sólidas cifras de Nvidia, el mercado busca comprobar si el rally de la IA puede extenderse más allá del principal fabricante de chips.
Marvell superó las previsiones de ingresos y beneficios, pero sus acciones retrocedieron ligeramente. La explicación estuvo en la presión sobre los márgenes, una señal de que los inversores han elevado el nivel de exigencia incluso para las compañías relacionadas con este ciclo.
La lectura que deja el episodio es que el crecimiento vinculado a la IA continúa siendo sólido, pero ya no garantiza por sí solo una valoración más alta. Tanto en el software como en los semiconductores, el mercado diferencia cada vez más entre las empresas capaces de convertir esa demanda en ingresos, márgenes y flujo de caja y aquellas que todavía tienen que demostrarlo.










