Canadá ha elevado hasta el 50% los aranceles aplicados a cientos de productos procedentes de Estados Unidos, en una nueva maniobra del primer ministro Mark Carney para presionar a Donald Trump y reabrir las negociaciones comerciales. La decisión, que entró en vigor el martes, aumenta el riesgo de una escalada entre los dos países mientras Washington ya estudia nuevas represalias.
El acero y varios bienes de consumo, entre los afectados
En el caso de numerosos productos estadounidenses de acero, el gravamen canadiense pasa del 25% al 50%. La lista también incluye bienes de consumo como motocicletas, cosméticos y queso. El impacto será especialmente visible para empresas de Michigan y Ohio, dos estados con un intenso intercambio comercial con Canadá y cuya relevancia política será mayor durante las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
Ottawa dirige sus contramedidas contra un volumen de productos estadounidenses similar al afectado por los aranceles aprobados por Washington el 22 de agosto. Estados Unidos impuso entonces aranceles del 50% sobre bienes canadienses valorados en unos 20.000 millones de dólares.
La estrategia de Carney supone un giro respecto a la política seguida anteriormente. El Gobierno canadiense retiró el año pasado buena parte de los aranceles de represalia adoptados durante el mandato de su predecesor, Justin Trudeau. Ahora, Ottawa busca que el coste de la disputa comercial también se perciba dentro de Estados Unidos.
“Canadá no impone estos aranceles porque quiera una guerra comercial. Los impone porque quiere que la guerra comercial termine”, explicó Brian Clow, antiguo asesor comercial canadiense. La intención declarada es aumentar la presión sobre la Administración Trump sin cerrar la puerta a un acuerdo.
Trump plantea nuevas represalias
La respuesta de Washington podría llegar en forma de nuevos aranceles o restricciones comerciales. Trump amenazó el lunes con prohibir la venta en Estados Unidos de aviones fabricados por la canadiense Bombardier. La medida, sin embargo, también tendría efectos sobre compañías estadounidenses: el fabricante trabaja con más de 2.800 proveedores en Estados Unidos.
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, ha señalado que la Administración contempla aranceles adicionales e incluso prohibiciones sobre determinados productos canadienses. Los funcionarios estadounidenses han dejado claro que no aceptan las represalias adoptadas por Ottawa.
La tensión contrasta con la cercanía de un posible acuerdo hace apenas unas semanas. Trump anunció el 18 de agosto que ambos países habían alcanzado un pacto preliminar y concedió a los negociadores tres días para cerrar los últimos detalles. Las conversaciones terminaron fracasando y, desde entonces, los dos Gobiernos se han responsabilizado mutuamente del bloqueo.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, comparó el pasado fin de semana a Canadá con un “perrito ladrador” frente a un perro mucho más grande, en una señal del tono que ha adquirido la disputa.
La economía canadiense afronta el coste de la escalada
La apuesta de Carney entraña riesgos para una economía que todavía presenta puntos débiles. Aunque Canadá se recuperó en el segundo trimestre, su mercado laboral continúa frágil: este año se han creado, de media, apenas 3.400 empleos al mes. Los sectores más expuestos a las exportaciones hacia Estados Unidos son también los que concentran una mayor presión sobre el empleo.
Oxford Economics calcula que los aranceles estadounidenses, las medidas de respuesta canadienses y los programas de apoyo asociados podrían reducir la producción económica alrededor de un 0,3% respecto a su previsión anterior. Esa estimación todavía no incorpora el efecto de una nueva escalada.
Carney mantiene, pese a todo, su disposición a negociar un acuerdo “duradero” con Washington, siempre que las industrias canadienses del automóvil, el acero y el aluminio puedan seguir siendo competitivas. “Estamos preparados para sentarnos a la mesa y cerrar ese acuerdo cuando los estadounidenses estén listos”, afirmó la semana pasada. Por ahora, un funcionario canadiense ha indicado que no hay nuevas conversaciones previstas.










