El Gobierno británico quiere que el Banco de Inglaterra (BoE) tenga más margen para considerar la innovación en torno a las divisas digitales, la tokenización y los pagos. La estabilidad financiera seguirá siendo su función principal, pero el banco central deberá valorar también el efecto de sus decisiones sobre la innovación y la competitividad de Londres como centro financiero.
El cambio responde a las críticas por la cautela con la que el Reino Unido ha abordado las nuevas tecnologías financieras. La intención de Londres es evitar que otros países ganen ventaja a medida que flexibilizan sus marcos para los criptoactivos y los pagos digitales.
La estabilidad financiera seguirá siendo la prioridad
La nueva responsabilidad no equivale a encargar al Banco de Inglaterra que impulse activamente las criptomonedas. El banco mantendrá la estabilidad financiera como su objetivo principal. La modificación implica, sobre todo, que sus normas deberán analizarse también desde la perspectiva de su impacto sobre la innovación y la posición internacional del sector financiero británico.
Lucy Rigby, ministra de la City, señaló que la tokenización y la tecnología blockchain pueden transformar de forma profunda los mercados financieros. Según Rigby, el Reino Unido debe mantener su posición como líder mundial en servicios financieros sin renunciar a las garantías que sostienen la confianza en el sistema.
El enfoque plantea un equilibrio entre dos objetivos que en ocasiones han entrado en tensión: contener los riesgos asociados a las nuevas infraestructuras financieras y evitar que una regulación excesivamente restrictiva frene el desarrollo de productos y servicios digitales.
Las stablecoins, en el centro del debate regulatorio
Las stablecoins son uno de los ámbitos donde el cambio de orientación resulta más visible. Estas criptomonedas mantienen su valor vinculado a un activo de referencia, como el dólar estadounidense o la libra esterlina.
El Banco de Inglaterra había planteado inicialmente limitar la cantidad de stablecoins que podían tener particulares y empresas. La propuesta fue cuestionada por la Cámara de los Lores. Una comisión parlamentaria consideró que esas restricciones podían ralentizar de manera innecesaria el crecimiento del sector.
En junio, el banco central retiró finalmente los límites propuestos. La decisión se produjo mientras el Gobierno británico buscaba también reforzar la cooperación internacional en este ámbito. En julio, el Reino Unido y Estados Unidos crearon un grupo de trabajo conjunto para fomentar la adopción de las stablecoins.
El BoE respalda el nuevo mandato
Sarah Breeden, vicegobernadora de estabilidad financiera del Banco de Inglaterra, valoró positivamente los planes del Gobierno. Breeden afirmó que la institución ya colabora con el Ejecutivo y con otros supervisores para facilitar la innovación en los pagos británicos sin poner en riesgo la confianza en el sistema financiero.
El nuevo mandato pretende reforzar esa línea de trabajo. En la práctica, el Reino Unido busca una vía intermedia: mantener la estabilidad financiera como referencia central, pero evitar que las normas obstaculicen de forma innecesaria el desarrollo de las stablecoins, la tokenización y los pagos digitales.












