La Unión Europea y Canadá preparan una alianza para ampliar de forma significativa su cooperación en comercio, defensa, materias primas críticas y tecnología. El objetivo es reforzar la posición de ambos bloques frente a la presión de grandes potencias como Estados Unidos y China, sin que Canadá llegue a convertirse en Estado miembro de la UE.
Los planes, todavía en fase de negociación, podrían presentarse el 16 de septiembre durante el discurso anual que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pronunciará en Estrasburgo. El primer ministro canadiense, Mark Carney, asistirá al acto y comparecerá al día siguiente ante el Parlamento Europeo.
Una relación más estrecha sin adhesión a la Unión
Según fuentes conocedoras de las conversaciones, Bruselas y Ottawa estudian cómo llevar su cooperación “lo más lejos posible” desde el punto de vista jurídico y político, pero sin que Canadá se incorpore formalmente a la Unión Europea. Para el Gobierno de Carney, estrechar los vínculos con Europa se ha convertido en una prioridad.
La agenda en preparación incluye áreas consideradas estratégicas, como la defensa, el sector espacial y la investigación científica. También contempla el comercio, las cadenas de suministro y el acceso a materias primas críticas. Aún no está decidido si para desarrollar esta relación será necesario firmar nuevos acuerdos jurídicos.
El Ejecutivo canadiense quiere debatir además los planes con las provincias y con el sector empresarial. Una de las fórmulas que se estudian pasa por aprovechar la cooperación a través del Acuerdo Transpacífico, un tratado comercial del que Canadá ya forma parte.
El contexto de las tensiones con Estados Unidos
El acercamiento se produce mientras Canadá y la Unión Europea afrontan una relación más tensa con Washington. Canadá y Estados Unidos se han impuesto nuevos aranceles a la importación, mientras que Donald Trump ha cuestionado en varias ocasiones la política comercial europea y ha expresado su interés por incorporar Groenlandia.
Carney ya había defendido una mayor cooperación entre potencias medianas. Durante el Foro Económico Mundial sostuvo que el orden internacional vigente había llegado, en la práctica, a su fin y que estos países debían coordinarse mejor para protegerse de la presión económica y política de las grandes potencias.
El primer ministro canadiense no mencionó directamente a Trump en aquellas declaraciones, pero sí planteó la creación de nuevas alianzas capaces de hacer frente a los Estados que utilizan su poder económico y militar para presionar a otros países. La futura asociación con la UE encajaría en esa visión.
Una cooperación que ya cuenta con bases
Canadá y la Unión Europea no parten de cero. Ambas partes disponen de un amplio acuerdo comercial y ya colaboran en materia de seguridad y defensa. En este último ámbito, Canadá se convirtió el año pasado en el primer país ajeno a la UE en incorporarse al fondo europeo de inversión militar, dotado con 150.000 millones de euros.
La nueva alianza pretende ampliar considerablemente esa relación y encontrar un equilibrio entre el acceso al mercado interior europeo y las obligaciones que normalmente implica una cooperación tan estrecha. No obstante, el diseño aún no es definitivo. El discurso de Von der Leyen sigue preparándose y podría sufrir cambios antes del 16 de septiembre.
Además, está prevista una cumbre entre Canadá y la Unión Europea en octubre. Ese encuentro podría servir para concretar nuevos acuerdos y definir cómo se articulará finalmente la cooperación entre Ottawa y Bruselas.












