OpenAI ha intensificado en los últimos días el relato de que la inteligencia artificial se acerca a capacidades de nivel humano, en un momento marcado por las posibles salidas a bolsa de la propia compañía y de Anthropic. La sucesión de anuncios, declaraciones y advertencias públicas ha reforzado una narrativa que interesa a buena parte del ecosistema tecnológico y financiero.
La primera señal llegó cuando OpenAI afirmó haber resuelto el problema de Navier-Stokes, uno de los grandes problemas matemáticos todavía abiertos. La afirmación recibió críticas contundentes desde la comunidad científica. Más allá de la validez de ese resultado, el episodio contribuye, según el análisis de referencia, a elevar las expectativas sobre el alcance de los modelos de la compañía.
De una IA cada vez mejor a una IA de nivel humano
Poco después, Jensen Huang, consejero delegado de Nvidia, sostuvo que el nuevo modelo Astra de OpenAI supone que ya se ha alcanzado la inteligencia artificial general (AGI). La afirmación también está sujeta a dudas, pero desplaza el centro del debate: ya no se trata únicamente de que los modelos mejoren con rapidez, sino de presentar la posibilidad de que hayan llegado a funcionar al nivel de las personas.
A esta cadena de mensajes se sumó el caso de Jacob Coxon. El profesional asegura que abandonó su puesto en Anthropic por la velocidad a la que, en su opinión, OpenAI y Anthropic avanzan hacia una superinteligencia capaz de mejorarse a sí misma. Su advertencia ha sido descrita como cercana a la ciencia ficción, aunque encaja en el mismo marco narrativo: la IA estaría adquiriendo un poder tal que incluso algunos expertos vinculados al sector empezarían a temer sus consecuencias.
La fuente interpreta estos acontecimientos como una prueba adicional de que el mercado alcista de la IA todavía no habría terminado. No obstante, se trata de una valoración, no de una certeza. El argumento es que existen pocos incentivos para que Wall Street abandone este relato antes de las posibles OPV de OpenAI y Anthropic.
En esa dinámica confluyen los intereses de los laboratorios de IA, los bancos de inversión, las gestoras de activos, los analistas, Nvidia y las compañías de computación en la nube. La relevancia geopolítica de la inteligencia artificial en la rivalidad entre Estados Unidos y China añade otra capa de apoyo a la inversión y a las expectativas en torno al sector.
Inflación, tipos y dependencia de la inversión en IA
El foco de los mercados se trasladará también esta semana a Estados Unidos. Los datos de inflación previstos para el jueves y el viernes podrían resultar determinantes para la decisión de tipos de la Reserva Federal de la semana siguiente. El mercado descuenta actualmente una probabilidad cercana al 60% de una subida.
Especial importancia tendrán las medidas subyacentes del índice de precios de producción (PPI) y del índice de precios al consumo (CPI), que excluyen la energía. Estas referencias pueden mostrar si el encarecimiento del petróleo empieza a trasladarse a otras áreas de la economía.
El crecimiento estadounidense todavía parece sólido, pero depende cada vez más del ciclo de inversión en inteligencia artificial. Al mismo tiempo, el consumidor ofrece señales de debilitamiento: el crecimiento salarial pierde velocidad, la inflación aumenta y la tasa de ahorro disminuye. El resultado es un menor margen financiero para los hogares y una mayor dependencia de los ahorros.
El análisis considera que una subida de tipos no frenaría directamente el ciclo de la IA, pero sí golpearía al consumidor, al mercado inmobiliario y a las pequeñas empresas. Si los datos permiten a la Fed disponer de margen para aplazar la decisión, la autoridad monetaria podría aprovecharlo. En este escenario, la evolución de los tipos, el dólar y la inflación seguirá siendo tan relevante para las acciones y el oro como para Bitcoin.











